Incapacidad absoluta por graves problemas del aparato digestivo


featuredSebastián solicitó en 2016 una incapacidad permanente. Pero, como sucede más habitualmente de lo deseable, el INSS se le denegó. Su severo trastorno de esófago, junto a la disfagia que sufre -que implica serias dificultades al tragar-, no fueron suficientes para declararle beneficiario de ningún tipo de incapacidad permanente. Pero Sebastián llamó a nuestra puerta y decidimos llevar su caso. Ahí comenzó el camino a su victoria, que se saldó además con un cobro de atrasos superior a 50.000 €. ¡Te contamos cómo se sucedieron los hechos!

La (doble) negativa del INSS

Hace ahora tres años que este trabajador, de profesión montador de muebles, solicitó vía administrativa a la Seguridad Social una incapacidad permanente. En aquel entonces, el SGAM constató que el solicitante tenía las siguientes lesiones: trastorno motor severo del esógago -que había conllevado que a Sebastián le intervinieran quirúrgicamente en varias ocasiones- y disfagia secundaria. Pero en el informe se indicaba que los parámetros analíticos estaban dentro de la normalidad. Asimismo, se le diagnosticó un trastorno adaptativo, pero también se señalaba que este no era incapacitante.

Conforme a esta información médica, el INSS decidió no concederle la incapacidad permanente, en ninguno de sus grados. Ante esta realidad, el trabajador tramitó una reclamación previa, que poco después fue desestimada.

Lesiones demostradas en el juicio

Una vez llevamos el caso de Sebastián ante los tribunales, presentamos ante el Juzgado de lo Social nº 21 de Barcelona diversos informes médicos que acreditaban las patologías que contenía el informe del SGAM. Pero también pudimos demostrar que nuestro cliente había perdido el 15% de su peso habitual. La razón era también una enfermedad añadida: el trastorno bipolar que padece este montador de muebles, a lo que se suma una depresión.

A todo ello sumamos los intensos dolores que limitan a Sebastián, en el epigastrio (parte superior del abdomen) y en el hipocondrio (bajo las costillas). En definitiva, un dolor crónico que, según se lee en la propia sentencia, tiene “agotadas las posibilidades terapéuticas”.

Las lesiones físicas, según se observa en la resolución judicial, se agravan con el cuadro psiquiátrico de la que es víctima Sebastián, constituyendo una “ grave interferencia en el funcionamiento general del demandante”. El magistrado, tras valorar todos los informes, destaca finalmente que estos “acreditan la imposibilidad del demandante para realizar cualquier tipo de actividad laboral con un mínimo de rentabilidad y eficacia”.

El veredicto más esperado


Los graves problemas que incapacitan a nuestro defendido para trabajar, que afectan a su aparato digestivo y a su salud psiquiátrica, han hecho que el juez nos diera la razón y condenara al INSS a reconocer a Sebastián una incapacidad permanente absoluta el pasado mes de junio, fecha de la sentencia. Conseguía así una pensión mensual del 100% de su base reguladora y que se le abonarán los atrasos no percibidos desde 2016. En este sentido, nuestro cliente, cobra el dinero que le corresponde como si hubiera obtenido su incapacidad cuando la solicitó por primera vez por vía administrativa. Hablamos de un montante de más de 50.000 € que le han llegado en un pago único junto a su mensualidad, la cual supera los 1.300 € y que puede llegar a ser vitalicia.

A continuación, la sentencia íntegra:

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