DEPRESIÓN MAYOR GRAVE

En esta página de recursos te ofrecemos información sobre la Depresión Mayor Grave. Qué es, sus tratamientos, síntomas y por supuesto; la viabilidad en cuanto a poder solicitar una discapacidad o incapacidad laboral. Trabajamos continuamente para ofrecer la información más completa posible, si crees que esta ficha está incompleta o que habría que añadir algún dato importante, por favor no dudes en contactarnos.
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El trastorno depresivo mayor, conocido de manera común como depresión mayor o simplemente depresión, es una enfermedad mental que se caracteriza por la aparición de un trastorno anímico y emocional prolongado en el tiempo, que produce en la persona que lo padece sentimientos incontrolables de profunda tristeza, decaimiento del ánimo, retraimiento social, frustración, culpabilidad e impotencia, que pueden además ir acompañados de ansiedad.

Además, la depresión mayor ocasiona en quien la padece una imposibilidad total o parcial de experimentar felicidad u obtener placer con las actividades de la vida cotidiana, afectando no solo a los vínculos afectivos personales o familiares, sino también al entorno laboral.

La aparición de la depresión mayor no está condicionada por la fortaleza o debilidad de carácter de una persona y en ella no sólo intervienen factores de tipo psicológico y social - como por ejemplo estrés elevado - , sino que existen factores de tipo biológico - como la salud física - y genéticos, que influyen en su aparición.

Por otra parte, determinados factores comunes hoy día en el entorno, tales como una alimentación inadecuada, obesidad, el consumo de tabaco, periodos prolongados de inactividad o actividades de elevada presión psicológica, pueden favorecer el hecho de padecer este trastorno..

 

Sí, existen tratamientos para el trastorno depresivo mayor que han demostrado una eficacia notable, principalmente el tratamiento mediante antidepresivos, aunque existen otros como la psicoterapia o en casos de especial gravedad, el ingreso hospitalario.

Estos tratamientos son administrados y supervisados por el psiquiatra, ya sea en el ámbito público a través del Centro de Salud Mental correspondiente o de forma privada. En el caso de la psicoterapia, es el psicólogo quien se encarga de dirigir el tratamiento.

En casos de especial gravedad o en aquellos casos en los que exista riesgo, por ejemplo, de suicidio, la persona diagnosticada de depresión mayor suele ser derivada a unidades especializadas muy concretas dentro de los propios Centros de Salud Mental u hospitales de referencia.

Tratamiento farmacológico con antidepresivos

Tratamiento psicoterapéutico

Ingresos hospitalarios

El tipo de fármaco habitual y que ha demostrado una notable eficacia a la hora de tratar la depresión mayor son los antidepresivos, entre los que destacan los siguientes:

  • Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS): alaproclate, citalopram , etoperidona, escitalopram, fluoxetina, fluvoxamina, paroxetina, sertralina, zimelidina.
  • Inhibidores selectivos de la recaptación de dopamina (ISRD): amineptina, fenmetrazina, vanoxerina.
  • Inhibidores selectivos de la recaptación de noradrenalina (o norepinefrina) (ISRN): atomoxetina, maprotilina, reboxetina, viloxazina.
  • Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina y noradrenalina (o norepinefrina) (IRSN): duloxetina, milnacipran, venlafaxina.
  • Inhibidores selectivos de la recaptación de dopamina y noradrenalina (o norepinefrina) (IRDN): bupropion, reboxetina.
  • Antidepresivos tricíclicos (ATC): amitriptilina, amoxapina, butriptilina, clomipramina, desipramina, dibenzepina, dosulepina, doxepina, imipramina, iprindole, lofepramina, melitracen, maprotilina, nortriptilina, opipramol, protriptilina, trimipramina.
  • Inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO): brofaromina, harmalina, iproclozida, iproniazida, isocarboxazida, moclobemida, nialamide, fenelzina, selegilina, toloxatona, tranilcipromina.
  • Antidepresivos tetracíclicos: maprotilina, mianserina, nefazodona, trazodona.
  • Noradrenérgicos y antidepresivos serotoninérgicos específicos (NaASE): mirtazapina.
  • Potenciadores selectivos de la recaptación de serotonina (PSRS): tianeptina.
  • Opioides.

Los antidepresivos más potentes son los tricíclicos y los tetracíclicos, que solo se suelen utilizar en casos en que los otros fármacos no hayan funcionado, ya que tienen importantes efectos secundarios.

El uso de antidepresivos se suele combinar con ansiolíticos ( como alprazolam, diazepam, etc) o con antipsicóticos (olanzapina, quetiapina, etc) cuando al diagnóstico de un cuadro de depresión mayor le acompañen síntomas de ansiedad o síntomas psicóticos.

La psicoterapia es otro de los tratamientos más utilizado para el trastorno depresivo y se utiliza de manera complementaria al tratamiento farmacológico. Este tratamiento se puede llevar a cabo tanto mediante terapia individual como grupal, incluso a través de programas específicos.

En el caso de los cuadros de depresión mayor en los que los tratamientos anteriores no dan resultado, son comunes los ingresos hospitalarios, cuyo objetivo es conseguir optimizar la medicación e intensificar la terapia psicológica. En algunas ocasiones, especialmente en casos cuya gravedad implica un riesgo, por ejemplo, de suicidio o brotes psicóticos, se pueden dar como mecanismos de contención ante estas situaciones. Estos ingresos se pueden llevar a cabo tanto en unidades hospitalarias cerradas como en régimen abierto (hospital de día).

 

Para realizar el diagnóstico de un trastorno depresivo, es necesario determinar en primer lugar si los síntomas que presenta la persona se ajustan a un cuadro de depresión mayor, puesto que existen síntomas comunes con ciertos trastornos como los trastornos de ansiedad o no siempre se manifiestan todos los síntomas simultáneamente - una persona puede padecer depresión mayor y no manifestar tristeza, pero sí una pérdida de interés total por cualquier tipo de actividad -. Para ello, mediante las pruebas médicas y diagnósticas oportunas, se busca el origen de los síntomas, su duración y su intensidad y se establece un diagnóstico en base a unos criterios determinados.

Así, para considerar que existe un trastorno depresivo mayor, es necesario en primer lugar que existan uno o más episodios depresivos de carácter mayor y presencia de cinco o más síntomas dentro de un periodo continuado de 2 semanas que supongan un cambio notable respecto a la actividad previa de la persona. Para diagnosticar una depresión, esos síntomas deben conllevar un estado anímico depresivo y/o una pérdida de interés o de la capacidad para obtener placer. En la mayoría de casos diagnosticados de trastorno depresivo mayor, los síntomas son lo suficientemente graves como para ocasionar problemas evidentes para el desempeño de las actividades cotidianas, las relaciones sociales y afectivas o la actividad profesional.

  • Estado de ánimo depresivo durante todo el día o la mayor parte del mismo, de forma diaria.
  • Empeoramiento del humor e irritabilidad.
  • Disminución, a diario y acusada, del interés o de la capacidad para obtener placer de todas o de la mayoría de las actividades cotidianas.
  • Pérdida o aumento importante de peso (por ejemplo, un cambio de más del 5% del peso corporal en un periodo de un mes), o pérdida o aumento repentina del apetito.
  • Falta de sueño (insomnio) o exceso de sueño (hipersomnia) de forma diaria.
  • Agitación o ralentización excesiva de los movimientos, el pensamiento o el habla.
  • Fatiga o pérdida de energía prolongada en el tiempo.
  • Aparición de sentimientos de inutilidad o de culpa excesivos o inapropiados.
  • Disminución de la capacidad para pensar, organizarse y concentrarse; disminución de la capacidad de memoria y la agudeza mental e indecisión.
  • Pensamientos recurrentes de autolesionarse o de muerte, tanto relativos al temor a la misma como ideas de suicidio.

A la hora de diagnosticar si los síntomas que presenta una persona se corresponden con un trastorno depresivo mayor, existen varias pruebas médicas que ayudan a determinar tanto el diagnóstico como la gravedad del mismo, entre las que destacan las siguientes:

Test de Hamilton

Se utiliza para determinar el grado de ansiedad o depresión del paciente. Si bien es una prueba que aún se utiliza, es muy subjetivo y se podría considerar como desfasado. El Test de Hamilton es utilizado especialmente por psiquiatras consultores de mutuas y de los tribunales médicos (ICAM en Cataluña).

Escala de evaluación de la actividad global (EEAG)

Se trata de una escala de 0 a 100 que determina el grado de afectación que le provoca el cuadro psiquiátrico a un paciente. Si la puntuación de la escala es inferior a 50, indica una seria afectación a nivel laboral, social, familiar y escolar. También se conoce como GAF.

Prueba neuropsicológica

Esta prueba debe ser realizada por un neuropsicólogo, que determinará el grado de afectación que el cuadro provoca a nivel neurocognitiva al paciente.

Análisis clínicos

En ocasiones, se realizan análisis solicitados por los especialistas para determinar los efectos secundarios que la medicación puede tener en el paciente. Hasta la fecha no hay evidencias de que se utilicen para llevar a cabo un control de la rigurosidad del paciente a la hora de tomar la medicación.

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El trastorno depresivo mayor puede llegar a hacerse crónico y recurrente cuando ocasiona episodios repetidos y no responde a los tratamientos, de modo que aquellas personas que los sufren deben estar sometidas a tratamiento durante largos periodos de tiempo o durante toda su vida.

Además, existen estudios que determinan que aproximadamente el 80% de personas que se ven afectadas por un cuadro de depresión mayor, volverán a tener al menos otro en algún punto de su vida, con una media de 4 episodios a lo largo de la misma, aumentando las posibilidades de experimentar un nuevo episodio con cada recaída.

 

La gravedad de un trastorno depresivo mayor está basada en los síntomas presentes en un episodio, la gravedad de estos síntomas y el grado en que incapacitan a la persona afectada, pudiendo establecerse como leve, moderada o grave.

Además de todas las barreras y dificultades que una depresión mayor causa a la persona en el desempeño de sus actividades cotidianas, las relaciones sociales y afectivas y el desempeño profesional, en casos determinados y sin tratamiento, la gravedad de los síntomas adquiere una magnitud que puede llegar a provocar el suicidio o la auto-lesión de la persona.

Para considerar que por su gravedad, la depresión es incapacitante para la actividad laboral, se tiene que cumplir una de las siguientes condiciones: que sea calificado como grave, que se establezca que presenta un GAF o EEAG de 50 o inferior, que presente síntomas de carácter psicótico o que se constate por parte del psiquiatra que incapacita a la persona para realizar de forma normal las tareas propias de su profesión.

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incapacidad permanente

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Sí, se puede solicitar una Incapacidad Permanente por un trastorno depresivo mayor, aunque la obtención del reconocimiento de la misma y el grado están directamente condicionados a tener carácter crónico y recurrente y que se determine por parte del INSS (o en caso de negativa de éste, en vía judicial) que se han agotado las posibilidades terapéuticas para tratarlo.

Incapacidad Permanente Total

Incapacidad Permanente Absoluta

Gran Invalidez

En caso de profesiones con riesgo para terceros, por ir el trabajador armado (policías, vigilantes de seguridad) o conducir vehículos pesados (conductor de autobús), así como en actividades de alta exigencia mental o estrés (directivo, empleado de banca), el INSS puede reconocer una Incapacidad Permanente Total para la profesión habitual.

Por regla general, si se cumplen los criterios anteriormente mencionados, la Incapacidad Permanente Absoluta es el grado que habitualmente se reconoce, pues se entiende que debido a los síntomas y su afectación, el trabajador no se encuentra en condiciones de llevar a cabo ningún tipo de actividad laboral con normalidad.

El reconocimiento de una Gran Invalidez es muy poco habitual. Se da cuando además de cumplir los criterios anteriormente mencionados, el grado depresivo o los síntomas de carácter psicótico asociados, son tales que requiere de supervisión de una tercera persona por el riesgo de autolesiones o para la toma de la medicación.

incapacidad permanente total por depresion
incapacidad permanente absoluta por depresion
gran invalidez por depresion

 

A la hora de asignar el grado de discapacidad que corresponde a un trastorno depresivo mayor se tienen en cuenta los criterios de valoración presentes en el Capítulo 16 del Anexo del RD 1971/1999. Cuando la persona presenta alguno o algunos de los síntomas con carácter aislado pero no suponen una disminución de su capacidad funcional se la incluye en la Clase I y su valoración de discapacidad es del 0%. Para incluir a una persona en alguna de las clases que sí suponen disminución de su capacidad funcional, esta deberá cumplir una serie de requisitos indicados en cada una de ellas.

Grados de discapacidad

Clase II: Discapacidad leve (1% - 24%)

La persona tiene capacidad para llevar a cabo una vida autónoma o esta capacidad está solo levemente disminuida, de acuerdo a lo esperable para la persona de su edad y condición, excepto en períodos determinados de crisis o descompensación. Puede mantener una actividad laboral normalizada y productiva excepto en los períodos de importante aumento del estrés, durante los que puede ser necesario un tiempo de reposo laboral junto a una intervención terapéutica adecuada.

Clase III: Discapacidad moderada (25% - 59%)

La persona sufre una restricción moderada en las actividades de la vida cotidiana, incluyendo las relaciones sociales y en la capacidad para desempeñar un trabajo remunerado en el mercado laboral. Necesita de medicación y/o tratamiento de forma habitual y sólo puede realizar tareas con supervisión mínima en centros ocupacionales o una actividad laboral normalizada en un puesto de trabajo adaptado o en un centro especial de empleo.

Clase IV: Discapacidad grave (60-74%)

La persona presenta graves restricciones y dificultades para llevar a cabo las actividades de la vida cotidiana. Precisa supervisión de manera intermitente en ambientes protegidos y un control total fuera de ellos. Su capacidad laboral está gravemente disminuida, presentando deficiencias en la concentración, la continuidad y el ritmo de ejecución de sus tareas, no pudiendo mantener una vida laboral normal, con síntomas de carácter grave.

Clase V: discapacidad muy grave (75%)

La enfermedad invalida por completo a la persona, tanto para cuidar de sí misma como para realizar las actividades básicas de la vida cotidiana, necesitando para ello el apoyo de una o varias personas de manera continuada. No existe posibilidad de que la persona lleve a cabo ningún tipo de trabajo y los síntomas son extremadamente graves.