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Trastorno Bipolar

En esta página de recursos te ofrecemos información sobre el Trastorno Bipolar. Qué es, sus tratamientos, síntomas y por supuesto; la viabilidad en cuanto a poder solicitar una minusvalía o incapacidad laboral. Trabajamos continuamente para ofrecer la información más completa posible, si crees que esta ficha está incompleta o que habría que añadir algún dato importante, por favor no dudes en contactarnos.
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El trastorno bipolar, también conocido como enfermedad maníaco-depresiva, es un trastorno cerebral que causa cambios inusuales en el estado de ánimo, el humor, la energía, los niveles de actividad y la capacidad de llevar a cabo las tareas cotidianas.

Hay distintos tipos de trastorno bipolar y todos implican cambios claros en el estado de ánimo, la energía y los niveles de actividad. Estos estados de ánimo van desde períodos de comportamiento extremadamente excitado y eufórico (conocidos como episodios maníacos) hasta períodos de tristeza, depresión o carentes de esperanza (conocidos como episodios depresivos) llegando incluso a la aparición de ideas de muerte. Los períodos maníacos menos severos se conocen como episodios hipomaníacos.

 

Sí, a pesar de que no existe cura para el trastorno bipolar y la persona que lo sufre convive con la enfermedad durante toda su vida, existe tratamiento, centrado principalmente, incluso en las formas más graves de trastorno bipolar, a obtener un mejor control de sus cambios de humor y otros síntomas.

El tratamiento del trastorno bipolar engloba generalmente una combinación de tratamiento farmacológico mediante medicamentos con tratamiento psicoterapéutico, que consigue en muchos casos una recuperación de los síntomas de la enfermedad.

El tratamiento se basa en el uso de estabilizadores del estado de ánimo y de diversas técnicas psicológicas, entre las que destaca la psicoeducación o la terapia interpersonal y del ritmo social. En cuanto al aspecto social, se procura la plena integración del individuo en el entorno, normalizando la enfermedad y el estrés psicosocial que produce en la persona.

Tratamiento farmacológico

Tratamiento psicoterapéutico

Ingreso hospitalario

Existen distintos tipos de medicamentos que pueden ayudar a controlar los síntomas del trastorno bipolar. Los medicamentos generalmente utilizados para tratar el trastorno bipolar incluyen:

  • Estabilizadores del estado de ánimo: El tratamiento farmacológico del trastorno bipolar se lleva a cabo principalmente a través de la administración de medicamentos estabilizadores del estado de ánimo o eutimizantes, como el litio, valproato, carbamazepina, oxcarbazepina, lamotrigina o el topiramato.
  • Antipsicóticos atípicos: En el caso de los antipsicóticos atípicos, no son estabilizadores del estado de ánimo y su uso debe limitarse a los periodos de crisis, siempre en combinación con un estabilizador del estado de ánimo.
  • Antidepresivos: Los antidepresivos tampoco son estabilizadores del estado de ánimo y deben evitarse en pacientes bipolares porque aumentan la frecuencia del ciclo de la enfermedad, favoreciendo la aparición de episodios de manía. Cuando su uso es imprescindible deben usarse sólo durante las crisis y asociados a un estabilizador del ánimo.

El otro tratamiento más utilizado, complementario al farmacológico, es el psicoterapéutico. Este puede ser mediante terapia individual o grupal, incluso a través de programas específicos. Cuando se lleva a cabo en combinación con el tratamiento farmacológico, la psicoterapia puede ser un tratamiento eficaz para el trastorno bipolar. Además, puede brindar apoyo, educación y orientación a las personas con trastorno bipolar y sus familias. Entre los tratamientos de psicoterapia utilizados para tratar el trastorno bipolar se encuentran:

  • Terapia cognitivo conductual (TCC).
  • Terapia centrada en la familia.
  • Terapia de ritmo interpersonal y social.
  • Psicoeducación.

En el caso del trastorno bipolar, tal como ocurre con otras enfermedades psiquiátricas, son comunes los ingresos hospitalarios cuando el tratamiento ambulatorio no da resultado. El objetivo de estos ingresos es conseguir optimizar la medicación e intensificar la terapia psicológica.

En algunas ocasiones incluso se puede recurrir a ellos como mecanismos de contención ante situaciones de extrema gravedad (por ejemplo, un intento de suicidio) o aparición de síntomas psicóticos en el paciente. Pueden ser en unidades hospitalarias cerradas o en régimen abierto (hospital de día).

 

El diagnóstico rápido del trastorno bipolar y su adecuado tratamiento pueden permitir a la persona que lo sufre llevar una vida normal y productiva, tanto en lo personal como en el ámbito laboral. Además de un examen físico para descartar otras causas de los síntomas, el psiquiatra debe identificar los signos y síntomas bipolares del paciente para poder diagnosticar y tratar el trastorno de forma efectiva.

Algunas personas conviven con el trastorno bipolar durante años antes de que se les diagnostique la enfermedad, puesto que existen síntomas comunes o que pueden confundirse con los de otros trastornos psiquiátricos como la esquizofrenia o la depresión.Además, hay que tener en cuenta que las personas que sufren trastorno bipolar presentan a menudo también otros problemas de salud (como abuso de sustancias, trastornos de ansiedad, enfermedad de tiroides, enfermedades cardíacas u obesidad) lo que puede dificultar el diagnóstico.

Actualmente, con el grado de comprensión de los trastornos mentales alcanzado, los médicos especialistas en psiquiatría pueden identificar los signos y síntomas del trastorno bipolar, y en la mayoría de los casos, tratarlo de manera efectiva.

Las personas con trastorno bipolar experimentan, por norma general, períodos de emoción inusualmente intensa, cambios en los patrones de sueño y niveles de actividad y comportamientos inusuales o poco frecuentes. Estos períodos distintos se conocen como episodios del estado de ánimo. Los episodios del estado de ánimo son drásticamente diferentes de los estados de ánimo y las conductas típicas de la persona. Los cambios extremos en la energía, la actividad y el sueño concuerdan con los episodios del estado de ánimo.

Síntomas durante un episodio maníaco:

  • Sensación exagerada de elevación o euforia.
  • Exceso inusual de energía.
  • Niveles de actividad por encima de lo habitual.
  • Sensación de nerviosismo e inquietud.
  • Presencia de problemas para conciliar el sueño.
  • Incremento de la velocidad del habla.
  • Agitación, irritabilidad y sensibilidad excesivas.
  • Sensación anormal de pensamientos acelerados.
  • Sensación anormal de capacidad para realizar muchas actividades al mismo tiempo.
  • Tendencia a correr riesgos o imprudencias, tales como relaciones sexuales imprudentes, gastos económicos repentinos, etc.

Síntomas de un episodio depresivo:

  • Sensación de tristeza, depresión, vacío o falta de esperanza.
  • Sensación de falta de energía.
  • Disminución de los niveles de actividad.
  • Desorden en las pautas del sueño (no poder dormir o dormir demasiado).
  • Incapacidad para disfrutar de las cosas o placeres.
  • Sensación de preocupación continua.
  • Problemas para concentrarse.
  • Olvido anormal y frecuente de las cosas.
  • Alteraciones anormales de la alimentación (comer poco o demasiado).
  • Sensación de cansancio o ralentización.
  • Pensamientos recurrentes en la muerte o el suicidio.

De forma similar al procedimiento utilizado para diagnosticar el trastorno depresivo mayor grave, entre las pruebas médicas disponibles en las que se suelen apoyar los especialistas en psiquiatría para diagnosticar el trastorno bipolar y su gravedad, se encuentran las siguientes:

Test de Hamilton

Se utiliza para determinar el grado de ansiedad o depresión del paciente. Si bien es una prueba que aún se utiliza, es muy subjetivo y se podría considerar como desfasado. El Test de Hamilton es utilizado especialmente por psiquiatras consultores de mutuas y de los tribunales médicos (ICAM en Cataluña).

Escala de evaluación de la actividad global (EEAG)

Se trata de una escala de 0 a 100 que determina el grado de afectación que le provoca el cuadro psiquiátrico a un paciente. Si la puntuación de la escala es inferior a 50, indica una seria afectación a nivel laboral, social, familiar y escolar. También se conoce como GAF.

Prueba neuropsicológica

Esta prueba debe ser realizada por un neuropsicólogo, que determinará el grado de afectación que el cuadro provoca a nivel neurocognitiva al paciente.

Análisis clínicos

En ocasiones, se realizan análisis solicitados por los especialistas para determinar los efectos secundarios que la medicación puede tener en el paciente. Hasta la fecha no hay evidencias de que se utilicen para llevar a cabo un control de la rigurosidad del paciente a la hora de tomar la medicación.

  • Trastorno bipolar I: Este tipo de trastorno bipolar se define por la aparición de episodios maníacos que duran al menos 7 días o por síntomas maníacos que son tan graves que la persona necesita atención hospitalaria inmediata. Por lo general, los episodios depresivos también ocurren y generalmente duran al menos 2 semanas. Los episodios de depresión con características mixtas (tener depresión y síntomas maníacos al mismo tiempo) también son posibles.
  • Trastorno bipolar II: Este tipo de trastorno bipolar se define por la existencia de un patrón de episodios depresivos y episodios hipomaníacos, pero no los episodios maníacos completos descritos anteriormente.
  • Trastorno ciclotímico (también llamado ciclotimia): definido por numerosos períodos de síntomas hipomaníacos y numerosos períodos de síntomas depresivos que duran al menos 2 años (1 año en niños y adolescentes). Sin embargo, los síntomas no cumplen los requisitos de diagnóstico para un episodio hipomaníaco y un episodio depresivo.
  • Trastorno bipolar no especificado: Existen casos en los que el trastorno bipolar no puede clasificarse dentro de los ámbitos anteriores por diferentes motivos. Por ejemplo, cuando los episodios de hipomanía son recurrentes. Hay situaciones en las que el psicólogo o psiquiatra llega a la conclusión de que existe un trastorno bipolar, pero es incapaz de determinar si es primario, debido a una enfermedad médica o inducido por una sustancia.
  • Trastorno bipolar de ciclo rápido: Las personas que sufren trastorno bipolar de ciclo rápido experimentan cuatro o más episodios de manía o depresión en el periodo de un año. Alrededor del 10% al 20% de los pacientes con esta enfermedad sufren el tipo de ciclo rápido.
  • Trastorno bipolar tipo III: Basándose en la concepción de la bipolaridad, en 2005 el Dr. Hagop Souren Akiskal sugirió el nombre del trastorno bipolar para referirse a pacientes que presentaban demencia temprana con inestabilidad anímica, desinhibición sexual, agitación y conducta impulsiva. El trastorno bipolar geriátrico, es la aparición de la enfermedad del trastorno bipolar en pacientes de edad avanzada de más de 50 años de vida, donde los mecanismos cerebrales que regulan el estado de ánimo se encuentran alterados, ya sea de manera estructural por herencia poligénica en los mecanismos cerebrales que regulan los estados de ánimo aunado a factores ambientales externos (fármacos, alteraciones hormonales, drogas, estrés), o bien por lesión cerebral provocando el trastorno bipolar de inicio tardío.
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El trastorno bipolar se considera crónico y puede ser recurrente cuando ocasiona episodios repetidos y no responde a los tratamientos, especialmente cuando existe presencia de inestabilidad anímica constante, descompensaciones frecuentes, ausencia de recuperación en periodos entre crisis, persistencia de síntomas incapacitantes (depresión) o incluso deterioro cognitivo de carácter permanente, de modo que aquellas personas que los sufren deben estar sometidas a tratamiento durante largos periodos de tiempo o durante toda su vida.

Además de todas las barreras y dificultades que un trastorno bipolar causa a la persona en el desempeño de sus actividades cotidianas, las relaciones sociales y afectivas y el desempeño profesional, en casos determinados y sin tratamiento, la gravedad de los síntomas adquiere una magnitud que puede llegar a provocar el suicidio o la autolesión de la persona.

En este sentido, aunque no hay un criterio unánime para determinar cuándo se han agotado las posibilidades terapéuticas en un cuadro de trastorno bipolar, sí se tienen en cuenta estos criterios concretos, dadas las particulares características de alternancia de episodios maníacos y depresivos de la enfermedad, junto con otros generales comunes a otros trastornos como el trastorno depresivo mayor grave.

 

A la hora de clasificar la gravedad de un trastorno bipolar, hay que tener en cuenta los síntomas presentes en un episodio, la gravedad de estos síntomas y el grado en que incapacitan a la persona afectada, pudiendo establecerse como leve, moderado o grave.

Para considerar que por su gravedad, el trastorno bipolar es incapacitante para la actividad laboral, se tiene que cumplir una o más de las siguientes condiciones:

  • Que sea calificado como grave (el trastorno o la fase actual)
  • Que se establezca que presenta un GAF o EEAG de 50 o inferior.
  • Que presente síntomas de carácter psicótico.
  • Que exista deterioro cognitivo severo (o moderado, dependiendo del cuadro).
  • Que la inestabilidad anímica sea constante con descompensaciones frecuentes.
  • Que no exista recuperación en los periodos que transcurren entre las crisis.
  • Que se haga constar por un psiquiatra la imposibilidad de la persona para realizar de forma normal las tareas propias de su profesión.
  • Que existan intentos de suicidio o persistencia de pensamientos suicidas.
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Tipos, requisitos y cómo solicitarlas

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Sí, se puede solicitar una Incapacidad Permanente por un trastorno bipolar, aunque la obtención del reconocimiento de la misma y el grado están directamente condicionados a que se determine por parte de la evaluación del Tribunal Médico y del INSS (o en caso de negativa de éste, en vía judicial) que se han agotado las posibilidades terapéuticas para tratarlo.

Incapacidad Permanente Total

Incapacidad Permanente Absoluta

Gran Invalidez

En el caso de profesiones con riesgo para terceros, por ir el trabajador armado (policías, vigilantes de seguridad) o conducir vehículos pesados (conductor de autobús), así como en actividades de alta exigencia mental o estrés (directivo, empleado de banca), el INSS puede reconocer una Incapacidad Permanente Total para la profesión habitual.

Por regla general, si se cumplen los criterios anteriormente mencionados, la Incapacidad Permanente Absoluta es el grado que habitualmente se reconoce, pues se entiende que debido a los síntomas y su afectación, el trabajador no se encuentra en condiciones de llevar a cabo ningún tipo de actividad laboral con normalidad.

El reconocimiento de una Gran Invalidez es muy poco habitual. Se da cuando además de cumplir los criterios anteriormente mencionados, el grado depresivo o los síntomas de carácter psicótico asociados, son tales que requiere de supervisión de una tercera persona por el riesgo de autolesiones o para la toma de la medicación.

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incapacidad permanente absoluta por trastorno bipolar
gran invalidez por trastorno bipolar

 

A la hora de asignar el grado de discapacidad que corresponde a un trastorno bipolar se tienen en cuenta los criterios de valoración presentes en el Capítulo 16 del Anexo del RD 1971/1999.

Grados de discapacidad

Dependiendo de los síntomas que la persona presenta y de la disminución de su capacidad funcional se la incluirá en una de las clases previstas para el reconocimiento de discapacidad. Para incluir a una persona en alguna de las clases que sí suponen disminución de su capacidad funcional, esta deberá cumplir una serie de requisitos indicados en cada una de ellas.

Clase I: Sin discapacidad

La persona presenta alguno o algunos de los síntomas con carácter aislado pero no suponen una disminución de su capacidad funcional. Su valoración de discapacidad es del 0%.

Clase II: Discapacidad leve (1% - 24%)

La persona tiene capacidad para llevar a cabo una vida autónoma o esta capacidad está solo levemente disminuida, de acuerdo a lo esperable para la persona de su edad y condición, excepto en períodos determinados de crisis o descompensación. Puede mantener una actividad laboral normalizada y productiva excepto en los períodos de importante aumento del estrés, durante los que puede ser necesario un tiempo de reposo laboral junto a una intervención terapéutica adecuada.

Clase III: Discapacidad moderada (25% - 59%)

La persona sufre una restricción moderada en las actividades de la vida cotidiana, incluyendo las relaciones sociales y en la capacidad para desempeñar un trabajo remunerado en el mercado laboral. Necesita de medicación y/o tratamiento de forma habitual y sólo puede realizar tareas con supervisión mínima en centros ocupacionales o una actividad laboral normalizada en un puesto de trabajo adaptado o en un centro especial de empleo.

Clase IV: Discapacidad grave (60-74%)

La persona presenta graves restricciones y dificultades para llevar a cabo las actividades de la vida cotidiana. Precisa supervisión de manera intermitente en ambientes protegidos y un control total fuera de ellos. Su capacidad laboral está gravemente disminuida, presentando deficiencias en la concentración, la continuidad y el ritmo de ejecución de sus tareas, no pudiendo mantener una vida laboral normal, con síntomas de carácter grave.

Clase V: discapacidad muy grave (75%)

La enfermedad invalida por completo a la persona, tanto para cuidar de sí misma como para realizar las actividades básicas de la vida cotidiana, necesitando para ello el apoyo de una o varias personas de manera continuada. No existe posibilidad de que la persona lleve a cabo ningún tipo de trabajo y los síntomas son extremadamente graves.