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Pensión de casi 1.900 € al mes para un autónomo con depresión

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Oliver trabajaba como reparador de equipos informáticos pero sufría diversas dolencias que le impedían desarrollar correctamente su profesión. Por este motivo solicitó a la Seguridad Social una pensión de Incapacidad Permanente, pero su gestión administrativa no tuvo éxito. Por el contrario, tras llamarnos, ante los tribunales logró uno de los grados máximos de invalidez: la Incapacidad Absoluta. Una sentencia breve y rotunda que nos daba la razón.

El juicio tras la desescalada

Pocos días después de finalizar las semanas de desescalada por coronavirus se celebró la vista judicial de Oliver -en junio de este año-. La demanda se había presentado por parte de nuestro bufete justo un año antes, pero la espera valió la pena. Antes de ello, en enero de 2019, este trabajador autónomo había pasado la revisión del Tribunal Médico, un trámite que desembocó en el rechazo del INSS a concederle una incapacidad, tanto en una primera instancia como en la posterior Reclamación Previa.

Ya en el acto del juicio, la Seguridad Social se reafirmó en su pretensión de no hacerle tributario de ningún tipo de incapacidad permanente. Sin embargo, la magistrada que llevó el caso en el Juzgado de lo Social no 29 de Barcelona no opinó lo mismo. En la sentencia se puede leer que “las lesiones [...] tienen virtualidad suficiente para impedir a la parte actora la realización de cualquier actividad laboral, fundamentalmente por la patología psiquiátrica que es crónico y grave”

La depresión, la clave de nuestra victoria

La patología crónica y grave a la que se refiere la jueza en su resolución es la profunda depresión que nuestros abogados acreditaron en el proceso. Ello fue lo más tenido en cuenta para otorgarle la invalidez. No obstante, Oliver también padece diversas afecciones físicas complicadas que dan como resultado un cuadro clínico altamente invalidante. Una de dichas lesiones es en el hombro (síndrome subacromial), y otra es la diplopía (visión doble) que padece desde que era niño tras un accidente. Además, tiene diagnosticada epicondilitis -”codo del tenista”- e hipoacusia -una enfermedad auditiva-. 

Pero como en otros casos que hemos ganado ante la ley, el trastorno depresivo fue la razón fundamental de la sentencia favorable. Una patología que había ido precedida de distimia durante mucho tiempo, y que se había convertido en un cuadro depresivo mayor y grave. Sin respuesta a los tratamientos y con mala evolución durante años. 

Una de las pruebas adicionales que aportamos fue un profesiograma, para corroborar, en primer término, que nuestro defendido no podía desempeñar labores de reparación de dispositivos informáticos. Pero una vez evidenciada esta situación, que conllevaría sin lugar a dudas una incapacidad total para su trabajo habitual, nuestra petición principal era la absoluta, tal como reclamábamos en la demanda.

Incapacidad Absoluta de 1.886,91 € al mes

Esta nada desdeñable cantidad es la mensualidad que ahora percibe nuestro cliente tras ser declarada su incapacidad absoluta en el juzgado. Se puso así de manifiesto que a este autónomo ya no le era posible ejercer no solo de informático, sino tampoco de otras ocupaciones diferentes. El INSS quedó condenado por tanto a abonarle una pensión de casi 1.900 € al mes, el 100% de su base reguladora.

Tienes aquí disponible la sentencia:

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