Juez de Tarragona concede una incapacidad absoluta que fue retirada por el INSS


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Cecilia era monitora de transporte escolar y tenía concedida una incapacidad permanente absoluta para todo tipo de trabajo. La causa: su aguda depresión. Pero en una revisión rutinaria, la Seguridad Social rebajó su grado de incapacidad permanente. Cecilia decidió reclamar, y desde el pasado 3 de abril tiene de nuevo reconocida una incapacidad absoluta. Así lo ha ordenado el Juzgado de Refuerzo de lo Social de Tarragona, en una sentencia donde condena al INSS a asignarle una pensión del 100% de su base reguladora.

El juez de refuerzo encargado del caso ha tenido en cuenta los argumentos presentados por nuestro bufete, y ha puesto fin al duro proceso de incertidumbre vivido por nuestra cliente. Veamos cómo ha ocurrido todo y la manera en que se ha llegado a esta resolución favorable.

Los vaivenes de la incapacidad de Cecilia

En marzo de 2016, a esta monitora de transporte escolar se le otorgaba por vía administrativa una incapacidad permanente absoluta debido a su “trastorno depresivo mayor. Pero en enero de 2018, se la convocó a una revisión de grado, y el INSS decidió cambiar su grado de absoluta a incapacidad permanente total haciendo constar que su enfermedad era ya solo moderada, sin síntomas de distimia -trastorno crónico del estado de ánimo-. 

Ante este tajante dictamen, Cecilia presentó la reclamación previa, pero como respuesta recibió una desestimación en abril del año pasado. De modo que no tuvo más remedio que acudir a los tribunales. Desde nuestro bufete se interpuso una demanda contra la Seguridad Social alegando que su última valoración no había sido correcta, ya que el estado de salud de nuestra cliente no había cambiado sino que había incluso empeorado.

Las prueba psiquiátrica clave 

El Juzgado ha considerado que las lesiones actuales de la demandante no difieren del primer diagnóstico del INSS, que entonces derivó en una incapacidad permanente absoluta. En la sentencia se ratifica que persiste el mismo cuadro clínico. Cecilia padece una sintomatología depresiva y ansiosa, con altibajos anímicos y tristeza. Con tendencia a estar en cama largas horas sin una enfermedad orgánica que lo justifique. Asimismo, sufre cansancio y dolor generalizado. Un conjunto de dolencias que le provocan apatía, sensación de soledad, insomnio y dificultades de concentración y de memoria. 

La enfermedad le ha llevado a ser tratada con una larga lista de medicamentos: Diazepan, Naproxeno, Dolquine, Deltius, Setralina, Ventolín, Prednisona y Mirtazapina. A pesar de ello, a nuestra defendida le cuesta salir a la calle y ha disminuido su sociabilidad, entre otros aspectos limitantes.

Una de las pruebas que fue presentada en el juicio por nuestros abogados fue un informe médico del psiquiatra que confirmó que toda esta serie de causas que le impiden a trabajar no han experimentado ninguna mejoría. Por el contrario, en las últimas visitas de Cecilia al psiquiatra, se había detectado un empeoramiento. Teniendo incluso que haber acudido a urgencias en una ocasión. Tal como se puede leer en la resolución judicial, “persiste la tristeza, disfonía, sentimientos de vacío y desesperanza, dificultades de concentración, apatía, teniendo concertado seguimiento por psicología clínica y psiquiatría”. Sin haber desaparecido tampoco el dolor físico. 

Vuelta a la incapacidad absoluta

En definitiva, el Juzgado de Refuerzo de lo Social de Tarragona ha estimado la demanda y ha condenado al INSS a volver a asignar a nuestra cliente la incapacidad permanente absoluta. Con efectos, además, desde enero de 2018, de manera que la Seguridad Social le abonará los atrasos no cobrados. Cecilia, por tanto, verá ingresado en su cuenta la diferencia no percibida durante todo los meses en que ha tenido la incapacidad total. 

Más abajo, puedes leer o descargar esta sentencia:

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