Un ictus con graves secuelas, que derivó en una depresión mayor, acaba en Incapacidad Absoluta

featuredRaúl era escolta y vigilante de seguridad, pero tuvo que coger la baja médica porque le era imposible trabajar debido a su estado de salud física y psíquica. El INSS finalmente le dio una incapacidad permanente, pero solo en el grado de total, mientras que él necesitaba con urgencia la incapacidad absoluta. Por eso vino a nosotros. ¡Le ayudamos y finalmente la obtuvo!

La batalla administrativa

El trabajador inició un proceso de incapacidad temporal en 2019. Tras una larga baja, se inició de oficio un expediente de incapacidad, que finalizó con el reconocimiento de una incapacidad permanente total ya en 2021. Dos años de incertidumbre que finalizaban de una manera que él no esperaba. El tribunal médico alegaba que podía haber “posibilidad de leve mejoría de la afasia”.

Tramitó entonces una Reclamación Previa para solicitar la incapacidad absoluta, pero esta fue desestimada, “al entender que en el actor no se aprecian dolencias ni limitaciones que no fueran tenidos en cuenta al dictarse la propuesta de resolución”. La Seguridad Social se ratificaba en su decisión. Agotada en ese momento la vía administrativa, lo único que podía hacer Raúl era rendirse o acudir a los tribunales. Y escogió la segunda opción.

El impactante cuadro clínico

Ya en el juicio, celebrado en el Juzgado de lo Social nº 31 de Madrid, aportamos pruebas de que este vigilante de seguridad había sufrido varios infartos cerebrales (ictus). Y que padece un trastorno depresivo mayor. La primera de estas dolencias, además, había desembocado en un afasia -trastorno del lenguaje y motor- y parálisis. Todo ello acompañado de una diplopía, es decir, visión doble. Siendo por ello dependiente parcial para determinadas actividades. Una “ situación neurológica cronificada”, como se afirma en la propia sentencia.

Paralelamente, también está afectado de un trastorno amnésico inmediato, de manera que su comprensión es conservada a la hora de seguir órdenes simples, y necesita una repetición frecuente de las órdenes. Las conclusiones de los especialistas indicaban que existía un daño cerebral adquirido.

Este conjunto de afecciones, según los informes que presentamos en el juzgado, hacían que Raúl no fuera apto para reincorporarse. Así lo afirmaban incluso los médicos.

La depresión, hasta límites peligrosos

Asimismo, la fuerte depresión que derivaba de sus patologías neurológicas había provocado que Raúl hubiera intentado suicidarse. Dicha patología, conforme los documentos de psiquiatría que presentamos, se caracteriza por una “evolución tórpida”. Y “dificulta el establecimiento de ánimo estable y suficiente para vivir”.

La jueza le da la Absoluta

La magistrada, en su fallo, señala que “el actor está incapacitado para realizar cualquier tipo de profesión con un mínimo de habitualidad y profesionalidad, dado que tiene grandes dificultades para leer, escribir, entender órdenes, el contracto interpersonal, cualquier actividad que implique ciertos requerimientos cognitivos e intelectuales y actividades especialmente reguladas; por lo que se halla afecto a una incapacidad asboluta”. 

En definitiva, condenó al INSS a abonarle una pensión mensual del 100% de su base reguladora de casi 1.000 €, y no del 55% -que era lo que percibía cuando le concedieron la incapacidad total. 

Puedes leer o descargar la resolución judicial aquí:

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