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PARKINSON

En esta página de recursos te ofrecemos información sobre el Parkinson. Qué es, sus tratamientos, síntomas y por supuesto; la viabilidad en cuanto a poder solicitar una minusvalía o incapacidad laboral. Trabajamos continuamente para ofrecer la información más completa posible, si crees que esta ficha está incompleta o que habría que añadir algún dato importante, por favor no dudes en contactarnos.
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La enfermedad de Parkinson es un trastorno neurodegenerativo crónico que afecta al sistema nervioso central provocando el deterioro progresivo de las capacidades motoras de la persona que lo padece.

Esta enfermedad representa el segundo trastorno neurodegenerativo por su frecuencia, situándose solo por detrás de la enfermedad de Alzheimer, y el más común en lo que se refiere a enfermedades que afectan al movimiento. Está extendida por todo el mundo y afecta tanto al sexo masculino como al femenino, siendo frecuente que aparezca en edades que rondan los 60 años. Además de esta variedad tardía, existe otra variedad de Parkinson que se manifiesta de forma precoz en edades inferiores a los cuarenta años.

No se conocen las causas exactas de la enfermedad de Parkinson, pero se considera que factores de carácter genético y del entorno contribuyen a su aparición. Actualmente no existe cura y su severidad aumenta con el tiempo.

 

A pesar de que el Parkinson no tiene cura actualmente, los tratamientos permiten mejorar de manera sustancial los síntomas de la enfermedad. Existen variedad de terapias para retrasar la evolución de los síntomas y mitigar sus efectos, la mayoría de ellos provocados por el descenso de los niveles de dopamina en el cerebro a causa de la enfermedad.

La mayoría de los tratamientos son de carácter farmacológico, con medicamentos destinados principalmente a incrementar los niveles de dopamina, bien reemplazandola o prolongando sus efectos mediante la inhibición de su descomposición.

El tratamiento del Parkinson desde su fase más temprana puede retrasar sustancialmente la aparición de los efectos en las capacidades motoras, proporcionando en consecuencia una mejor calidad de vida a la persona que lo sufre.

Tratamiento farmacológico

Tratamiento quirúrgico

Tratamiento mediante rehabilitación

Los tratamientos farmacológicos disponibles para el Parkinson, si bien no detienen la progresión de la enfermedad, sí actúan sobre sus síntomas. Ayudan principalmente a reducir los problemas para caminar y realizar movimientos, así como a controlar los temblores que produce la enfermedad mediante el incremento de los niveles de dopamina en el cerebro.

Este tipo de tratamientos alivia significativamente los síntomas sobre todo en las primeras fases de tratamiento. Aunque progresivamente van disminuyendo su eficacia o la consistencia de la misma, siguen resultando bastante efectivos para el control de los síntomas de la enfermedad.

Entre los más utilizados se encuentran los siguientes:

  • Levodopa: Se trata del tratamiento más efectivo a la hora de tratar el Parkinson y sus síntomas. Se trata de una sustancia química natural que se transforma en dopamina al llegar al cerebro. Generalmente es administrada junto con carbidopa, que evita que se transforme en dopamina antes de llegar al cerebro, lo que previene la aparición de efectos secundarios como náuseas o sensación de aturdimiento. La eficacia de la levodopa y la consistencia de la misma se ve reducida con el paso de los años.
  • Duopa: De reciente aparición, este tratamiento consiste en la administración de un fármaco compuesto por levodopa y carbidopa en forma de gel, directamente en el intestino delgado mediante un tubo. Se administra principalmente a personas con Parkinson que todavía se encuentran en una fase en la que la levodopa y carbidopa son efectivas pero de manera inconsistente. Al administrarse de manera continua a través de esta técnica, se consigue mantener estables los niveles de levodopa y carbidopa en la sangre.
  • Agonistas de la dopamina:  A diferencia de lo que ocurre con la levodopa, los fármacos agonistas de la dopamina no se convierten en ésta al entrar en el cerebro, sino que imitan sus efectos. A pesar de no ser tan efectivos como la levodopa, son más duraderos e incluso pueden combinarse con ésta para compensar la inconsistencia de sus efectos, la cual suele producirse en fases ya avanzadas de tratamiento.
  • Otros fármacos: En el tratamiento del Parkinson tienen cierta relevancia fármacos como la selegilina, la amantadina, la benzatropina o los fármacos anticolinérgicos, entre otros.

En el caso de personas que sufren Parkinson en un estado avanzado, con síntomas imposibles de controlar mediante medicación, se puede recurrir a técnicas de tratamiento mediante cirugía.

  • Estimulación cerebral profunda (ECP).

La estimulación cerebral profunda (ECP) es el tratamiento quirúrgico más utilizado. Se trata de la implantación de un dispositivo médico llamado marcapasos cerebral, que envía impulsos eléctricos a partes específicas del cerebro. Está especialmente recomendado para personas que sufren Parkinson y experimentan fluctuaciones en sus capacidades motoras y temblores que no se pueden controlar mediante fármacos, así como para aquellas personas que son intolerantes a la medicación, siempre y cuando no existan problemas neuropsiquiátricos graves.

  • Otros tratamientos quirúrgicos.

Aunque menos comunes, se suelen basar en provocar de manera intencionada, lesiones controladas para suprimir la hiperactividad de las áreas subcorticales específicas del cerebro. Es el caso de la palidotomía, mediante la cual se lleva a cabo la destrucción quirúrgica controlada del globo pálido, una de las partes de nuestro cerebro, para controlar los trastornos del movimiento (discinesia).

El tratamiento mediante rehabilitación se centra en la realización de ejercicios, principalmente supervisados por un logopeda, encaminados a corregir efectos de la enfermedad como la disfagia (imposibilidad o dificultad para tragar alimentos), el manejo incorrecto de objetos y utensilios, la hipofonía (disminución del volumen del habla), la ansiedad, la micrografía (disminución del tamaño de la escritura) y demás aspectos relacionados con el lenguaje y los efectos de la enfermedad sobre estos.

 

 

El diagnóstico temprano y preciso de la enfermedad de Parkinson resulta de vital importancia a la hora de establecer las pautas de tratamiento óptimas por parte del neurólogo, que permitan a la persona que lo sufre mantener una calidad de vida elevada, durante el mayor tiempo posible.

Sin embargo, no existe a día de hoy una prueba para diagnosticar la enfermedad de Parkinson con exactitud. Además, debido a las similitudes de los trastornos del movimiento que provoca la enfermedad, con los provocados por otras afecciones con síntomas similares al Parkinson, el diagnóstico rápido es complicado. Debido a esto, en ocasiones se producen diagnósticos de Parkinson erróneos a personas que padecen otro tipo de enfermedad y viceversa.

Por lo tanto, es importante evaluar a la personas que presenten síntomas propios de la enfermedad en la fase temprana, de forma regular, con el fin de descartar otras afecciones que pueden ser responsables de los síntomas.

Los síntomas principales de la enfermedad de Parkinson están relacionados con las funciones motoras, tanto voluntarias como involuntarias y generalmente comienzan en un lado del cuerpo.

Los síntomas son leves al principio y su intensidad aumenta progresivamente con el paso del tiempo. Algunas personas se ven más afectadas que otras. Para el momento en el que aparecen los síntomas primarios de la enfermedad las personas que la padecen han perdido ya entre el 60% y el 80% o superior de las células productoras de dopamina en el cerebro. Entre los síntomas motores más característicos del Parkinson se encuentran los siguientes

  • Temblores: Temblores en los dedos, las manos, los brazos, los pies , las piernas, la mandíbula o la cabeza. Los temblores ocurren con mayor frecuencia mientras la persona se encuentra en reposo, pero no mientras está involucrado en la realización de una tarea. Pueden empeorar cuando la persona se encuentra en un estado de excitación, cansancio o estrés.
  • Rigidez: principalmente en extremidades y el tronco, que puede aumentar durante el movimiento. La rigidez puede producir dolor muscular. La pérdida de movimientos precisos llevados a cabo con las manos puede conducir a la escritura cursiva y de tamaño disminuido (micrografía), así como dificultar la alimentación.
  • Bradicinesia: Se trata de la lentitud del movimiento voluntario. Con el tiempo, pueden aparecer dificultades para iniciar y completar los movimientos. La bradicinesia, junto con la rigidez, también pueden afectar los músculos faciales y dar como resultado una apariencia inexpresiva.
  • Inestabilidad postural: los reflejos deteriorados o perdidos a causa de la enfermedad, pueden dificultar el ajuste de la postura para mantener el equilibrio, pudiendo llegar a provocar caídas.
  • Marcha parkinsoniana: se conoce como tal a la forma distintiva de caminar que desarrollan las personas con enfermedad de Parkinson más progresiva, con una posición encorvada y una oscilación de los brazos nula o casi inexistente.

Mientras que los síntomas principales de la enfermedad de Parkinson están relacionados con el movimiento, la pérdida progresiva del control muscular y el daño continuo al cerebro pueden provocar síntomas de carácter secundario, que varían en severidad. Estos síntomas no afectan necesariamente a todas las personas con Parkinson. Entre los síntomas de tipo secundario del Parkinson se encuentran, entre otros:

  • Ansiedad , inseguridad y estrés.
  • Confusión, pérdida de memoria y demencia (más común en personas de avanzada edad).
  • Estreñimiento.
  • Depresión.
  • Dificultad para tragar y salivación excesiva.
  • Disminución del sentido del olfato.
  • Aumento de la sudoración.
  • Disfunción eréctil masculina.
  • Problemas de la piel.
  • Habla más lenta, más silenciosa y voz monótona.
  • Alteraciones en la frecuencia y la urgencia de la orina.

Un neurólogo especializado en trastornos del movimiento llevará a cabo una evaluación inicial basada en la historia clínica, un examen físico y neurológico y la evaluación de los síntomas presentes. En lo referente al historial médico, dada la consideración de los factores genéticos como influyentes en la aparición de la enfermedad, es importante saber si otros miembros de la familia o antepasados sufren o han sufrido Parkinson. Asimismo, es importante determinar factores como la ingesta de medicamentos, exposiciones a toxinas o traumatismos craneoencefálicos actualmente o con anterioridad, a fin de descartarlos como causas de los síntomas.

El examen físico y neurológico llevado a cabo puede incluir una evaluación de coordinación, la capacidad para caminar y la capacidad para realizar tareas motoras precisas que requieren el uso de las manos.

Las pruebas médicas y diagnósticas se utilizan para medir la capacidad mental, el comportamiento, el estado de ánimo, la capacidad para la realización de las actividades de la vida diaria y la función motora. Pueden ser muy útiles en el diagnóstico inicial, para descartar otros trastornos, así como para controlar la progresión de la enfermedad y realizar ajustes terapéuticos.

También se llevan a cabo escáneres cerebrales y otras pruebas de laboratorio, principalmente para detectar otros trastornos que se asemejan a la enfermedad de Parkinson.

Por otro lado, se observa la actividad muscular de la persona durante un periodo de tiempo determinado, pues con el avance de la enfermedad los trastornos motores específicos se vuelven más evidentes.

Un indicativo diagnóstico para el Parkinson suele ser la prueba terapéutica, que consiste en la aplicación de terapia farmacológica con levodopa durante al menos 30 días, observando de cerca la evolución de la persona.

Se considera prueba positiva si responde de manera radical al tratamiento con levodopa y se considera negativa si no existe respuesta alguna. La prueba terapéutica con levodopa suele ser confirmatoria si se sospecha la enfermedad; sin embargo si la prueba resulta negativa el médico tendrá que seguir investigando otras probables causas del trastorno o realizar estudios de mayor profundidad como los marcadores genéticos

Existen varias pautas utilizadas para ayudar en el diagnóstico de la enfermedad de Parkinson, entre las que se incluyen la escala de Hoehn y Yahr y la escala unificada de la enfermedad de Parkinson.

El diagnóstico de la enfermedad de Parkinson resultará más probable cuando:

  • Al menos dos de los tres síntomas principales están presentes (temblor en reposo, rigidez muscular y lentitud).
  • Los síntomas se iniciaron en un lado del cuerpo.
  • Los síntomas no se deben a causas subyacentes, como medicamentos, derrames cerebrales en el área que controla el movimiento, etc.
  • Los síntomas mejoran significativamente con la administración de levodopa.
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El Parkinson es una enfermedad crónica, progresiva y degenerativa para la cual a día de hoy no existe cura. Aunque la enfermedad de Parkinson progresa lentamente, finalmente afecta a todos los aspectos de la vida de la persona, tanto en lo relativo a las relaciones sociales, como al desempeño laboral, como a la realización de las actividades básicas de la vida cotidiana .

La esperanza de vida para las personas con Parkinson, si reciben el tratamiento adecuado, suele ser aproximadamente la misma que para la población general. La detección temprana es la clave para reducir las complicaciones que pueden acortar la esperanza de vida.

Sin embargo, en lo que se refiere a la reducción de las capacidades funcionales motoras y otras derivadas de la enfermedad, esta no se detiene y continúa progresivamente a lo largo de la vida de la persona.

 

A la hora de determinar la gravedad del Parkinson, es decir, el grado en el que afecta al individuo que la padece en cuanto a limitaciones de sus capacidades funcionales para llevar a cabo las actividades de la vida cotidiana y laboral, se suele utilizar la Escala de Hoehn-Yahr, que clasifica las alteraciones motoras del paciente según su severidad en diversos estadios de la enfermedad .

  • 0 – No hay signos de enfermedad.
  • 1.0 – Enfermedad exclusivamente unilateral.
  • 1.5 – Afectación unilateral y axial.
  • 2.0 – Afectación bilateral sin alteración del equilibrio.
  • 2.5 – Afectación bilateral leve con recuperación en la prueba de retropulsión.
  • 3.0 – Afectación bilateral leve a moderada; cierta inestabilidad postural, pero físicamente independiente.
  • 4.0 – Incapacidad grave; aún capaz de caminar o de permanecer en pie sin Ayuda.

5.0 – Permanece en una silla de ruedas o encamado si no tiene ayuda.

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Tipos, requisitos y cómo solicitarlas

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Sí, es posible acceder a una pensión por Incapacidad Permanente por Parkinson. Sin embargo, aún cuando exista diagnóstico y clasificación de la severidad funcional del Parkinson, en base a la escala de Hoehn-Yahr, el hecho de que a una persona se le diagnostique Parkinson no garantiza que se le reconozca una Incapacidad Permanente. El reconocimiento por tanto, dependerá de lo que determine el Tribunal Médico, basándose en el estado de la enfermedad y del grado en que incapacita a la persona para desarrollar su trabajo o dado el caso, cualquier profesión.

Incapacidad Permanente Total

Incapacidad Permanente Absoluta

Gran Invalidez

El reconocimiento de una Incapacidad Permanente Total es posible cuando la etapa en la que se encuentra la persona que sufre de Parkinson se clasifica como estadio 2 según la escala de Hoehn-Yahr, siendo reconocida para casi cualquier tipo de actividad profesional o puesto de trabajo.

En cuanto a la Incapacidad Permanente Absoluta, su reconocimiento es posible en aquellos casos en los que la etapa en la que se encuentra la persona que sufre de Parkinson se clasifica como estadio 3 según la escala de Hoehn-Yahr y en determinados casos estadio 2.5 cuando existan otras dolencias aparejadas.

El reconocimiento de la Gran Invalidez es posible cuando se supera el Estadio 4 y el estado de la persona implica un postramiento en silla de ruedas o cama que hace imposible el desarrollo de las actividades más básicas de la vida diaria, necesitando de la ayuda de una tercera persona para las mismas.

incapacidad permanente total por parkinson
incapacidad permanente absoluta por parkinson
gran invalidez por parkinson

 

Los criterios para la valoración de la discapacidad originada por Parkinson, entran en los establecidos para las deficiencias motóricas y sensoriales que se encuentran regulados en el capítulo 3 del Real Decreto 1971/1999.

Grados de discapacidad

El grado de discapacidad reconocido dependerá del grado de alteración que presente la persona que sufre Parkinson en sus capacidades motoras y sensoriales.

  • Discapacidad por alteración de la bipedestación y la marcha: Desde un 1% hasta un 65% dependiendo de la capacidad de la persona para bipedestar y caminar. (Tabla 3)
  • Discapacidad por alteración de una extremidad superior: Desde un 1% hasta un 49% dependiendo de la capacidad de la persona para utilizar el miembro afectado para el autocuidado, sujetar objetos, etc. (Tabla 4)
  • Discapacidad por alteración de las dos extremidades superiores: Desde un 1% hasta un 75% dependiendo de la capacidad de la persona para utilizar los dos miembros afectados para el autocuidado, sujetar objetos, etc. (Tabla 5)