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Trastorno por Ansiedad

En esta página de recursos te ofrecemos información sobre el Trastorno por Ansiedad. Qué es, sus tratamientos, síntomas y por supuesto; la viabilidad en cuanto a poder solicitar una minusvalía o incapacidad laboral. Trabajamos continuamente para ofrecer la información más completa posible, si crees que esta ficha está incompleta o que habría que añadir algún dato importante, por favor no dudes en contactarnos.
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El trastorno por ansiedad es un tipo de enfermedad mental caracterizado por la existencia persistente de ansiedad, miedo, preocupación en una persona, yendo mucho más allá de la ocasional ansiedad que a lo largo de la vida experimentan las personas ante los cambios o toma de decisiones importantes.

En el caso del trastorno por ansiedad, esta preocupación o miedo no desaparecen y pueden empeorar con el paso del tiempo, llegando a interferir e incluso afectar gravemente a la realización de las actividades cotidianas, el desempeño de la actividad profesional, el desempeño académico o las relaciones sociales y personales.

Dentro del término trastorno por ansiedad se engloban varios tipos, siendo los más comunes el trastorno de ansiedad generalizada, el trastorno de pánico y el trastorno de ansiedad social.

 

Sí, existen tratamientos eficaces para el trastorno por ansiedad, principalmente la combinación de tratamiento psicoterapéutico y farmacológico. En casos puntuales de especial gravedad, se puede recurrir al ingreso hospitalario.

Estos tratamientos son administrados y supervisados por el psiquiatra, ya sea en el ámbito público a través del Centro de Salud Mental correspondiente o de forma privada. En el caso de la psicoterapia, es el psicólogo quien se encarga de dirigir el tratamiento.

En casos de especial gravedad o en aquellos casos en los que exista, por ejemplo, riesgo de suicidio, la persona diagnosticada de ansiedad puede ser derivada a unidades especializadas dentro de los propios Centros de Salud Mental u hospitales de referencia.

Tratamiento psicoterapéutico

Tratamiento farmacológico

Ingreso hospitalario

Se basa generalmente en el tratamiento mediante terapia de conversación, individual o en grupo y asesoramiento psicológico, trabajando con un terapéuta especializado para reducir los síntomas de la ansiedad.

Dentro del tratamiento psicoterapéutico destaca por su especial efectividad la terapia cognitiva conductual (TCC). La TCC es un tratamiento generalmente de corta duración que se enfoca en enseñar a la persona que sufre un trastorno por ansiedad, una serie de técnicas o habilidades específicas para mejorar los síntomas, de forma que puedan retomar de manera gradual las actividades que ha dejado de llevar a cabo a causa de la ansiedad.

La terapia cognitiva conductual incluye lo que se denomina como terapia de exposición, mediante la cual la persona se enfrenta de manera gradual a aquellas situaciones u obstáculos que provocan la aparición de la ansiedad. De esta forma, se persigue que la persona construya una base de confianza en sus posibilidades de manejar y superar esas situaciones y, en consecuencia, los síntomas de la ansiedad.

Dentro del tratamiento farmacológico, se encuentran disponibles una amplia variedad de medicamentos que pueden contribuir a aliviar los síntomas de un trastorno por ansiedad. Se administrarán unos u otros en función del tipo de trastorno de ansiedad que presente la persona, y teniendo en cuenta si existen otros trastornos mentales o físicos asociados o coexistentes.

Entre los medicamentos más utilizados para el tratamiento de un trastorno por ansiedad se encuentran los siguientes:

  • Medicamentos antidepresivos: Ciertos medicamentos que se utilizan para tratar los trastornos por depresión resultan también eficaces para el tratamiento de los síntomas de la ansiedad. Entre los antidepresivos más comunes se encuentran:

    • Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS): alaproclate, citalopram , etoperidona, escitalopram, fluoxetina, fluvoxamina, paroxetina, sertralina, cimetidina.
    • Inhibidores selectivos de la recaptación de dopamina (ISRD): amineptina, fenmetrazina, vanoxerina.
    • Inhibidores selectivos de la recaptación de noradrenalina (o norepinefrina) (ISRN): atomoxetina, maprotilina, reboxetina, viloxazina.
    • Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina y noradrenalina (o norepinefrina) (IRSN): duloxetina, milnacipran, venlafaxina.
    • Inhibidores selectivos de la recaptación de dopamina y noradrenalina (o norepinefrina) (IRDN): bupropion, reboxetina.
    • Antidepresivos tricíclicos (ATC): amitriptilina, amoxapina, butriptilina, clomipramina, desipramina, dibenzepina, dosulepina, doxepina, imipramina, iprindole, lofepramina, melitracen, maprotilina, nortriptilina, opipramol, protriptilina, trimipramina.
    • Inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO): brofaromina, harmalina, iproclozida, iproniazida, isocarboxazida, moclobemida, nialamida, fenelzina, selegilina, toloxatona, tranilcipromina.
    • Antidepresivos tetracíclicos: maprotilina, mianserina, nefazodona, trazodona.
    • Noradrenérgicos y antidepresivos serotoninérgicos específicos (NaASE): mirtazapina.
    • Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS): tianeptina.
    • Opioides.
  • Medicamentos ansiolíticos: Específicamente destinados al tratamiento de la ansiedad, los ansiolíticos actúan sobre el sistema nervioso central inhibiendo la ansiedad. Ayudan a reducir los síntomas de ansiedad generalizada, ataques de pánico o episodios de miedo y preocupación extremos.

    Los ansiolíticos más comunes son las benzodiazepinas, que se consideran como tratamientos de primera línea para el trastorno de ansiedad generalizada, entre las cuales se encuentran:

    • Alprazolam
    • Bromazepam
    • Ketazolam
    • Clordiazepóxido
    • Clonazepam
    • Clorazepato
    • Diazepam
    • Flurazepam
    • Lorazepam
    • Oxazepam
    • Temazepam
    • Triazolam
    • Midazolam

  • Medicamentos antipsicóticos: En determinadas circunstancias, para casos en los que los síntomas no mejoran con otros tratamientos, puede resultar adecuado el uso de antipsicóticos.

En el caso de los cuadros de trastorno por ansiedad en los que los tratamientos anteriores no dan resultado y existen ciertos factores de riesgo, se puede recurrir a los ingresos hospitalarios, cuyo objetivo es conseguir optimizar la medicación e intensificar la terapia psicológica. En algunas ocasiones, especialmente en casos cuya gravedad implica un riesgo, por ejemplo cuando existen ideas recurrentes de suicidio, se pueden dar como mecanismos de contención ante estas situaciones. Estos ingresos se pueden llevar a cabo tanto en unidades hospitalarias cerradas como en régimen abierto (hospital de día).

 

La evaluación y diagnóstico de un trastorno de ansiedad pueden comenzar con una visita al médico de atención primaria cuando se presentan los síntomas. Algunos problemas de salud de tipo físico, tales como una tiroides hiperactiva o un nivel bajo de azúcar en la sangre, además del uso de ciertos medicamentos, pueden imitar los síntomas de un trastorno por ansiedad o incluso llegar a agravarlos.

Por otro lado, puede ser necesario llevar a cabo una evaluación psicológica de la persona, ya que los trastornos de ansiedad a menudo coexisten con otras afecciones relacionadas, como la depresión o el trastorno obsesivo-compulsivo.

Trastorno de ansiedad generalizada

Las personas con trastorno de ansiedad generalizada muestran ansiedad o preocupación excesiva durante meses y se enfrentan a varios síntomas, entre los que se incluyen:

  • Inquietud, agotamiento y nerviosismo.
  • Fatiga.
  • Dificultades para mantener la concentración.
  • Irritabilidad y cambios en el humor.
  • Tensión muscular.
  • Dificultades para el control de las preocupaciones.
  • Problemas para conciliar el sueño.
  • Alteración de las pautas de sueño.
  • Falta de descanso durante el sueño.

 

Trastorno de pánico

Las personas que sufren trastorno de pánico experimentan ataques de pánico de manera inesperada y recurrente. Se trata de períodos repentinos durante los cuales se pueden experimentar los siguientes síntomas:

  • Palpitaciones.
  • Aceleración del ritmo cardíaco.
  • Exceso de transpiración.
  • Temblores.
  • Sensación de dificultad para respirar, asfixia o ahogo.
  • Sentimientos de pérdida total o desesperación.

Otros síntomas derivados de un ataque en el trastorno de pánico incluyen:

  • Experimentar sensaciones de miedo intenso.
  • Sentimiento de pérdida de control.
  • Preocupación intensa sobre la posibilidad de un futuro ataque.
  • Temor o reticencia a lugares donde se ha producido previamente un ataque de pánico.

 

Trastorno de ansiedad social

Las personas con trastorno de ansiedad social, también conocido como fobia social, experimentan un acentuado temor a las situaciones sociales u otras como aquellas que implican rendimiento, teniendo la expectativa de sentirse avergonzados, juzgados, rechazados o temerosos de ofender a los demás.Los síntomas del trastorno de ansiedad social incluyen:

  • Experimentar ansiedad por el mero hecho de estar con otras personas.
  • Presentar dificultades para mantener conversaciones.
  • Sentimiento de cohibición frente a otras personas.
  • Intensa preocupación por la humillación, vergüenza o rechazo.
  • Temor ante la posibilidad de ofender a otras personas.
  • Miedo intenso a los juicios u opiniones de otras personas.
  • Preocupación prolongada por días o semanas antes de un evento
  • Tendencia a alejarse de lugares donde hay otras personas.
  • Dificultades para entablar y mantener relaciones de amistad.
  • Enrojecimiento, sudoración o temblor en presencia de otras personas.
  • Náuseas o malestar en presencia de otras personas.

Existen por tanto determinadas pruebas y criterios diagnósticos en los que un especialista puede apoyarse a la hora de diagnosticar un trastorno por ansiedad, su tipo y gravedad, entre los que se encuentran:

  • Evaluación de la salud física de la persona, a fin de identificar o descartar una relación de los síntomas con medicamentos que pueda utilizar la persona o enfermedades subyacentes que no hayan sido diagnosticadas.
  • Realización de análisis de sangre u orina, así como otras pruebas similares,cuando los síntomas presentes sean comunes o puedan indicar la presencia de una enfermedad subyacente o descartarla.
  • Evaluación psicológica detallada de la persona, conversando acerca de sus pensamientos, sentimientos y pautas de comportamiento, para identificar la causa de los síntomas y las posibles complicaciones relacionadas a fin de dar un diagnóstico de la enfermedad.
  • Cuestionarios psicológicos de apoyo.
  • Utilización de los criterios indicados en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-5, publicado por la American Psychiatric Association (Asociación Estadounidense de Psiquiatría) o el CIE-10-ES, dos clasificaciones de las enfermedades consensuadas por especialistas a nivel internacional.
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Los estudios y datos clínicos y epidemiológicos existentes en la actualidad sugieren que, aún con el tratamiento psicoterapéutico y farmacológico de los síntomas, el trastorno por ansiedad puede tener carácter crónico e incapacitante, provocando en la persona que lo sufre una afectación significativa en su capacidad para llevar a cabo las actividades cotidianas, tanto en el aspecto personal como en el laboral.

Por norma general, un trastorno por ansiedad se considera como permanente o crónico cuando sus síntomas y secuelas persisten más allá de los 6 meses y suele manifestarse no de forma aislada, sino acompañado de otras dolencias secundarias.

 

La clasificación de un trastorno por ansiedad se realiza teniendo en cuenta el diagnóstico clínico y el grado en el que cumple los criterios establecidos en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-5 y en el CIE-10-ES.

Siguiendo los criterios diagnósticos del DSM-5, para considerar la ansiedad y preocupación como grave se condiciona a la existencia de tres o más de una serie de síntomas, además de la existencia de un malestar significativo y un deterioro de las capacidades de la persona en el área social, ocupacional y otras esenciales.

Por su parte, según los criterios diagnósticos de la CIE-10, no es necesario que la preocupación provocada por la ansiedad sea incontrolable o excesiva para considerarse grave, siendo necesario la existencia de cuatro de una serie de síntomas relacionados con el sistema nervioso autónomo (al menos uno de ellos debe estar relacionado con este), con pecho y abdomen, con el estado mental y otros de carácter general y no específico.

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Guía gratuita sobre Incapacidades
Tipos, requisitos y cómo solicitarlas

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Sí, se puede solicitar una Incapacidad Permanente por un trastorno por ansiedad, aunque la obtención del reconocimiento de la misma y el grado están directamente condicionados a tener carácter crónico y recurrente y que se determine por parte del INSS (o en caso de negativa de éste, en vía judicial) que se han agotado las posibilidades terapéuticas para tratarlo.

Incapacidad Permanente Total

Incapacidad Permanente Absoluta

Gran Invalidez

En el caso de profesiones con riesgo para terceros, por ir el trabajador armado (policías, vigilantes de seguridad) o conducir vehículos pesados (conductor de autobús), así como en actividades de alta exigencia mental o estrés (directivo, empleado de banca), el INSS puede reconocer una Incapacidad Permanente Total para la profesión habitual.

Por regla general, si se cumplen los criterios anteriormente mencionados, la Incapacidad Permanente Absoluta es el grado que habitualmente se reconoce, pues se entiende que debido a los síntomas y su afectación, el trabajador no se encuentra en condiciones de llevar a cabo ningún tipo de actividad laboral con normalidad.

El reconocimiento de una Gran Invalidez es muy poco habitual. Se da cuando además de cumplir los criterios anteriormente mencionados, el grado depresivo o los síntomas de carácter psicótico asociados, son tales que requiere de supervisión de una tercera persona por el riesgo de autolesiones o para la toma de la medicación o si existe riesgo de autolesiones.

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A la hora de asignar el grado de discapacidad que corresponde a un trastorno depresivo mayor se tienen en cuenta los criterios de valoración presentes en el Capítulo 16 del Anexo del RD 1971/1999.

Grados de discapacidad

Dependiendo de los síntomas que la persona presenta y de la disminución de su capacidad funcional se la incluirá en una de las clases previstas para el reconocimiento de discapacidad. Para incluir a una persona en alguna de las clases que sí suponen disminución de su capacidad funcional, esta deberá cumplir una serie de requisitos indicados en cada una de ellas.

Clase I: Sin discapacidad

La persona presenta alguno o algunos de los síntomas con carácter aislado pero no suponen una disminución de su capacidad funcional. Su valoración de discapacidad es del 0%.

Clase II: Discapacidad leve (1% - 24%)

La persona tiene capacidad para llevar a cabo una vida autónoma o esta capacidad está solo levemente disminuida, de acuerdo a lo esperable para la persona de su edad y condición, excepto en períodos determinados de crisis o descompensación. Puede mantener una actividad laboral normalizada y productiva excepto en los períodos de importante aumento del estrés, durante los que puede ser necesario un tiempo de reposo laboral junto a una intervención terapéutica adecuada.

Clase III: Discapacidad moderada (25% - 59%)

La persona sufre una restricción moderada en las actividades de la vida cotidiana, incluyendo las relaciones sociales y en la capacidad para desempeñar un trabajo remunerado en el mercado laboral. Necesita de medicación y/o tratamiento de forma habitual y sólo puede realizar tareas con supervisión mínima en centros ocupacionales o una actividad laboral normalizada en un puesto de trabajo adaptado o en un centro especial de empleo.

Clase IV: Discapacidad grave (60-74%)

La persona presenta graves restricciones y dificultades para llevar a cabo las actividades de la vida cotidiana. Precisa supervisión de manera intermitente en ambientes protegidos y un control total fuera de ellos. Su capacidad laboral está gravemente disminuida, presentando deficiencias en la concentración, la continuidad y el ritmo de ejecución de sus tareas, no pudiendo mantener una vida laboral normal, con síntomas de carácter grave.

Clase V: discapacidad muy grave (75%)

La enfermedad invalida por completo a la persona, tanto para cuidar de sí misma como para realizar las actividades básicas de la vida cotidiana, necesitando para ello el apoyo de una o varias personas de manera continuada. No existe posibilidad de que la persona lleve a cabo ningún tipo de trabajo y los síntomas son extremadamente graves.

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