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Agorafobia

En esta página de recursos te ofrecemos información sobre la Agorafobia. Qué es, sus tratamientos, síntomas y por supuesto; la viabilidad en cuanto a poder solicitar una minusvalía o incapacidad laboral. Trabajamos continuamente para ofrecer la información más completa posible, si crees que esta ficha está incompleta o que habría que añadir algún dato importante, por favor no dudes en contactarnos.
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La Agorafobia es un tipo de trastorno de ansiedad que hace que las persona que la sufre experimenten miedo a los espacios abiertos, o aquellos en los cuales se siente desprotegida, indefensa y desconcertada. Es más frecuente en las mujeres que en los hombres, se caracteriza por la ansiedad que aparece no solo al encontrarse en un espacio abierto, sino en cualquier lugar que la persona perciba como inseguro y puede o no estar acompañada de crisis de angustia y de pánico.

En consecuencia, la persona que sufre Agorafobia tiende a evitar casi por completo y de forma permanente situaciones como estar solo dentro o fuera de casa, acudir a lugares concurridos, mezclarse con la gente, viajar en automóvil, autobús, o avión, etc. En algunos casos, la afección puede ser tan grave que las persona evita incluso realizar las actividades cotidianas del día a día, como ir al banco o al supermercado, y permanece dentro de su hogar la mayor parte del día.

 

Sí, existen tratamientos eficaces para la Agorafobia, principalmente la combinación de tratamiento psicoterapéutico y farmacológico.

El tratamiento farmacológico, se centra en la mitigación de los síntomas de la Agorafobia, pero no tiene un efecto encaminado a la curación, mientras que el tratamiento psicoterapéutico tiene como objetivo ayudar a la persona que sufre Agorafobia a enfrentar de manera gradual y progresiva la exposición a las situaciones que causan los síntomas.

Los tratamientos farmacológicos han de ser administrados y supervisados por el psiquiatra, ya sea en el ámbito público a través del Centro de Salud Mental correspondiente o de forma privada. En el caso del tratamiento psicoterapéutico, es el psicólogo quien se encarga de llevarlo a cabo.

Tratamiento farmacológico

Tratamiento psicoterapéutico

Ciertos medicamentos pueden ayudar a aliviar los síntomas de la agorafobia, siendo los más utilizados, los siguientes:

  • Antidepresivos tricíclicos, como amitriptilina o nortriptilina.
  • Medicamentos contra la ansiedad, como el diazepam,  alprazolam o clonazepam.
  • Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, como paroxetina o fluoxetina.
  • Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina y norepinefrina, como la venlafaxina o duloxetina.

Estos medicamentos sólo deben tomarse bajo estricta supervisión médica y en cualquier caso no se utilizan para curar el trastorno, sino para sobrellevar sus síntomas.

Psicoterapia

La psicoterapia, también conocida como terapia de conversación, implica reunirse regularmente con un psicólogo, terapeuta u otro profesional de la salud mental. Este tipo de terapia se centra en ofrecer a la persona la posibilidad de describir y hablar de sus miedos, así como de cualquier problema o circunstancia que pueda estar contribuyendo a los mismos. La psicoterapia a menudo se combina con medicamentos para una efectividad óptima. Por lo general, es un tratamiento a corto plazo que puede suspenderse una vez que la persona presenta capacidad para hacer frente a sus miedos y controlar la ansiedad por sí misma.

Terapia cognitiva conductual (TCC)

La terapia cognitiva conductual (TCC) es la forma más común de psicoterapia utilizada para tratar a las personas con agorafobia. La TCC persigue ayudar a la persona a comprender los sentimientos y puntos de vista distorsionados de sus hábitos y de las actividades cotidianas, asociados con la agorafobia, así como educarla acerca de cómo trabajar en situaciones estresantes, reemplazando los pensamientos distorsionados con pensamientos saludables, lo que le permite recuperar el control de su vida en esas situaciones.

Terapia de exposición

La terapia de exposición persigue ayudar a la persona con Agorafobia a superar sus miedos a través de una exposición lenta, gradual y progresiva a las situaciones o lugares que provocan el miedo asociado a la Agorafobia.

 

La Agorafobia ha de ser diagnosticada por un médico especialista en psiquiatría, en función de los síntomas y signos que presente la persona. El psiquiatra analizará los síntomas, cuándo comenzaron a manifestarse y con qué frecuencia se experimentan. También llevará a cabo una comprobación del historial médico y familiar de la persona. Además, es posible llevar a cabo análisis de sangre que ayuden a descartar posibles causas físicas de los síntomas.

En general, para llevar a cabo un diagnóstico de Agorafobia, se considera el criterio de cumplimiento de síntomas establecido en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-V) de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría.

Entre los síntomas que presentan las personas con agorafobia, suelen encontrarse los siguientes:

  • Ansiedad y agitación
  • Palpitaciones, sacudidas del corazón o elevación de la frecuencia cardíaca
  • Sudoración excesiva
  • Temblores o sacudidas
  • Sensación de ahogo o falta de aire
  • Sensación de atragantamiento
  • Opresión o malestar torácico
  • Náuseas o molestias abdominales
  • Inestabilidad, mareos o desmayos
  • Sensación de irrealidad o despersonalización (estar separado de uno mismo)
  • Miedo a perder el control o volverse loco
  • Miedo a la muerte
  • Parestesias (sensación de entumecimiento u hormigueo)
  • Escalofríos o sofocaciones
  • Miedo a salir de casa por largos períodos de tiempo
  • Miedo a estar solo en una situación social
  • Miedo a perder el control en un lugar público
  • Miedo a estar en lugares de donde sería difícil escapar, como un automóvil o un ascensor

No existen pruebas médicas específicas para diagnosticar la Agorafobia, sino que su diagnóstico depende de los síntomas que presente la persona y sobre todo de la correcta diferenciación entre estos y aquellos que corresponden a otros trastornos con los que, por su similitud, puede llegar a confundirse, entre los que se encuentran los trastornos de angustia por agorafobia, la fobia social o específica, el trastorno obsesivo compulsivo, el trastorno por estrés postraumático o el trastorno depresivo entre otros.

Entre las pruebas generales y criterios diagnósticos en los que un especialista en psiquiatría puede, por tanto, apoyarse a la hora de diagnosticar agorafobia, su tipo y gravedad, se encuentran:

  • Evaluación de la salud física de la persona, a fin de identificar o descartar una relación de los síntomas con medicamentos que pueda utilizar la persona o enfermedades subyacentes que no hayan sido diagnosticadas.
  • Realización de análisis de sangre u orina, así como otras pruebas similares,cuando los síntomas presentes sean comunes o puedan indicar la presencia de una enfermedad subyacente o descartarla.
  • Evaluación psicológica detallada de la persona, conversando acerca de sus pensamientos, sentimientos y pautas de comportamiento, para identificar la causa de los síntomas y las posibles complicaciones relacionadas a fin de dar un diagnóstico de la enfermedad.
  • Utilización de los criterios indicados en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-5, publicado por la American Psychiatric Association (Asociación Estadounidense de Psiquiatría) o el CIE-10-ES, dos clasificaciones de las enfermedades consensuadas por especialistas a nivel internacional.
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No siempre es posible prevenir la Agorafobia. Sin embargo, el tratamiento temprano para la ansiedad o los trastornos de pánico asociados a la misma puede ayudar a controlar y hacer desaparecer los síntomas

El enfoque combinado de medicación y terapia psicológica por lo general ayuda a la mayoría de las personas con Agorafobia a reducir gradualmente sus sentimientos de miedo y ansiedad hasta el punto en que puedan llevar una vida normal.

Aún así, en determinados casos, los síntomas que provoca la agorafobia, para la cual no existe cura como tal, pueden ser incapacitantes de por vida e impedir a la persona llevar a cabo las actividades cotidianas y desempeñar sus tareas profesionales.

 

La gravedad de la Agorafobia está basada en los síntomas que se manifiestan, la gravedad de estos síntomas y el grado en que incapacitan a la persona afectada

Para clasificar la gravedad de la agorafobia se tendrán en cuenta con carácter general, los criterios establecidos en el DSM-5 y el CIE-10-ES.

En consecuencia, para considerar que la Agorafobia es incapacitante para la actividad laboral, se deben cumplir una de las siguientes condiciones: que sea calificada como grave, que se establezca que presenta un EEAG de 50 o inferior según la Escala de Evaluación de la Actividad Global (EEAG), o que se constate por parte del psiquiatra que la Agorafobia incapacita a la persona para realizar de forma normal las tareas propias de su profesión.

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Tipos, requisitos y cómo solicitarlas

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Sí, se puede solicitar una Incapacidad Permanente por un trastorno por Agorafobia, aunque la obtención del reconocimiento de la misma y el grado están directamente condicionados a la gravedad de la afectación y la limitación que la enfermedad y sus síntomas provocan en la persona, y que se determine por parte del INSS y el Tribunal Médico (o en caso de negativa de éste, en vía judicial) que se han agotado las posibilidades terapéuticas para tratarlo.

Incapacidad Permanente Total

Incapacidad Permanente Absoluta

Gran Invalidez

En el caso de profesiones con riesgo para terceros, por ir el trabajador armado (policías, vigilantes de seguridad) o conducir vehículos pesados (conductor de autobús), así como en actividades de alta exigencia mental o estrés (directivo, empleado de banca), el INSS puede reconocer una Incapacidad Permanente Total para la profesión habitual.

Por regla general, si se cumplen los criterios anteriormente mencionados, la Incapacidad Permanente Absoluta es el grado que habitualmente se reconoce, pues se entiende que debido a los síntomas y su afectación, el trabajador no se encuentra en condiciones de llevar a cabo ningún tipo de actividad laboral con normalidad.

El reconocimiento de una Gran Invalidez es muy poco habitual. Se da cuando además de cumplir los criterios anteriormente mencionados, debido al grado depresivo producido por la Agorafobia o sus síntomas asociados, se requiere de supervisión de una tercera persona para la realización de las actividades básicas de la vida diaria.

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A la hora de asignar el grado de discapacidad que corresponde por agorafobia se tienen en cuenta los criterios de valoración presentes en el Capítulo 16 del Anexo del RD 1971/1999.

Grados de discapacidad

Dependiendo de los síntomas que la persona presenta y de la disminución de su capacidad funcional se la incluirá en una de las clases previstas para el reconocimiento de discapacidad. Para incluir a una persona en alguna de las clases que sí suponen disminución de su capacidad funcional, esta deberá cumplir una serie de requisitos indicados en cada una de ellas.

Clase I: Sin discapacidad

La persona presenta alguno o algunos de los síntomas con carácter aislado pero no suponen una disminución de su capacidad funcional. Su valoración de discapacidad es del 0%.

Clase II: Discapacidad leve (1% - 24%)

La persona tiene capacidad para llevar a cabo una vida autónoma o esta capacidad está solo levemente disminuida, de acuerdo a lo esperable para la persona de su edad y condición, excepto en períodos determinados de crisis o descompensación. Puede mantener una actividad laboral normalizada y productiva excepto en los períodos de importante aumento del estrés, durante los que puede ser necesario un tiempo de reposo laboral junto a una intervención terapéutica adecuada.

Clase III: Discapacidad moderada (25% - 59%)

La persona sufre una restricción moderada en las actividades de la vida cotidiana, incluyendo las relaciones sociales y en la capacidad para desempeñar un trabajo remunerado en el mercado laboral. Necesita de medicación y/o tratamiento de forma habitual y sólo puede realizar tareas con supervisión mínima en centros ocupacionales o una actividad laboral normalizada en un puesto de trabajo adaptado o en un centro especial de empleo.

Clase IV: Discapacidad grave (60-74%)

La persona presenta graves restricciones y dificultades para llevar a cabo las actividades de la vida cotidiana. Precisa supervisión de manera intermitente en ambientes protegidos y un control total fuera de ellos. Su capacidad laboral está gravemente disminuida, presentando deficiencias en la concentración, la continuidad y el ritmo de ejecución de sus tareas, no pudiendo mantener una vida laboral normal, con síntomas de carácter grave.

Clase V: discapacidad muy grave (75%)

La enfermedad invalida por completo a la persona, tanto para cuidar de sí misma como para realizar las actividades básicas de la vida cotidiana, necesitando para ello el apoyo de una o varias personas de manera continuada. No existe posibilidad de que la persona lleve a cabo ningún tipo de trabajo y los síntomas son extremadamente graves.

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