Artritis Reumatoide

En esta página de recursos te ofrecemos información sobre la Artritis Reumatoide. Qué es, sus tratamientos, síntomas y por supuesto; la viabilidad en cuanto a poder solicitar una minusvalía o incapacidad laboral. Trabajamos continuamente para ofrecer la información más completa posible, si crees que esta ficha está incompleta o que habría que añadir algún dato importante, por favor no dudes en contactarnos.
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La artritis reumatoide es una enfermedad autoinmune de carácter crónico, que provoca que el sistema inmunitario del cuerpo ataque por error a las articulaciones, deteriorándolas progresivamente y provocando su inestabilidad, dolor, pérdida de movilidad y en algunos casos, deformación. El daño producido a las articulaciones no se puede revertir.

La artritis reumatoide afecta con mayor frecuencia a las articulaciones de las manos, los pies, las muñecas, los codos, las rodillas y los tobillos. El efecto conjunto suele ser simétrico. Esto significa que si una rodilla o una mano están afectadas, generalmente la otra también lo está. En algunas personas, el trastorno también puede afectar a otras partes y sistemas del cuerpo, como la piel, los ojos, los pulmones, el corazón o los vasos sanguíneos.

 

Si bien no existe una cura para la artritis reumatoide, sí existen diferentes tratamientos que pueden ayuda a controlar el progreso de la enfermedad y sus síntomas.

Estos tratamientos se centran principalmente en controlar el dolor y la respuesta inflamatoria de la enfermedad, lo que en muchos casos puede dar como resultado la remisión. Disminuir la inflamación también puede ayudar a prevenir daño adicional en las articulaciones.

Entre los tratamientos disponibles para la artritis reumatoide se encuentran el tratamiento farmacológico (medicamentos destinados a reducir el dolor, la inflamación y mitigar el daño causado a las articulaciones), el tratamiento quirúrgico y los cambios en el estilo de vida, hábitos y alimentación.

Tratamiento farmacológico

Tratamiento quirúrgico

Tratamiento terapéutico y complementario

Se trata de medicamentos destinados, por un lado, al tratamiento del dolor y la inflamación que produce la artritis reumatoide y por otro a la disminución de la actividad y progresión de la enfermedad:

  • Medicamentos antiinflamatorios no esteroideos (AINE).
    Se usan para ayudar a aliviar el dolor y la inflamación producida por la artritis reumatoide. Incluyen medicamentos como ibuprofeno, ketoprofeno y naproxeno sódico, entre otros. En personas que han tenido o presentan un particular riesgo de úlcera estomacal, se puede recurrir al celecoxib. Estos medicamentos pueden tomarse por vía oral o aplicarse en la piel (como un parche o crema) directamente en una articulación inflamada.
  • Medicamentos que disminuyen la actividad y progresión de la enfermedad.
    • Corticosteroides: Los medicamentos con corticosteroides, que incluyen prednisona, prednisolona y metiprednisolona, son medicamentos antiinflamatorios potentes y de acción rápida, cuyo objetivo es controlar la inflamación mientras se administran otros medicamentos.
    • Fármacos antirreumáticos modificadores del curso de la enfermedad (FARME): Suponen la forma de tratamiento básica de la artritus reumatoide y tienen como objetivo ralentizar la progresión de la enfermedad. Entre los más comunmente utilizados se encuentran los convencionales (Metotrexato, Leflunomida, Sulfasalazina) y los biológicos, estos últimos usados en casos de artritis reumatoide más avanzados que no responden a los FARME convencionales (Infliximab, Adalimumab, Rituximab, Tocilizumab, Anakinra o Abatacept).

En determinados casos de artritis reumatoide, la cirugía puede ser una opción importante para las personas con daño permanente que les limita el ejercicio de las funciones y actividades de la vida cotidiana, les provoca pérdida de movilidad y les impide ser independientes. La cirugía de reemplazo de articulaciones puede aliviar el dolor y restaurar la función en las articulaciones gravemente dañadas por la artritis reumatoide. El procedimiento implica reemplazar las partes dañadas de una articulación con piezas fabricadas con metal y plástico. Los reemplazos de cadera y rodilla son los más comunes. Sin embargo, se pueden considerar tobillos, hombros, muñecas, codos y otras articulaciones para su reemplazo.

Como tratamientos complementarios y no sustitutivos del tratamiento farmacológico convencional para la artritis reumatoide, se encuentran el tratamiento basado en fisioterapia o terapia ocupacional puede contribuir a mejorar al mantenimiento de la flexibilidad de las articulaciones. Además, la persona afectada por atritis reumatoide puede educarse de forma que aprenda a realizar las tareas cotidianas adaptándose a la situación que provoca la enfermedad, lo que puede contribuir a reducir el esfuerzo que soportan las articulaciones afectadas.

 

El diagnóstico de la artritis reumatoide puede ser complicado y requerir múltiples pruebasmédicas y diagnósticas para confirmarlo para confirmar los hallazgos del examen clínico. Esto se debe principalmente a la existencia de un gran número de condiciones o patologías que provocan rigidez e inflamación en las articulaciones y al hecho de que no existe a día de hoy ninguna prueba, análisis de sangre o exploración física que permitan confirmar el diagnóstico de la artritis reumatoide.

Por tanto, el diagnóstico se basará en la identificación de signos que indiquen la posible presencia de artritis reumatoide y síntomas asociados, mediante la exploración física y el análisis del historial médico de la persona. Además, el médico de cabecera o el reumatólogo en caso de ser derivado a especialista, puede llevar a cabo diferentes tipos de pruebas medicas y diagnósticas que contribuyan a verificar la existencia de esos signos o indices de la enfermedad.

Análisis de sangre

Existen varios tipos de análisis de sangre que pueden ofrecer información importante al médico o reumatólogo a la hora de diagnosticar la artritis reumatoide, entre las que se encuentran las siguientes:

  • Factor reumatoide: se trata de una prueba serológica inmunológica que se basa en la búsqueda de una proteína conocida como factor reumatoide. Los altos niveles de factor reumatoide se asocian con enfermedades autoinmunes, especialmente la artritis reumatoide.
  • Prueba de anticuerpo antipéptido citrulinado cíclico (anti-CCP): esta prueba busca la presencia de un anticuerpo asociado con la artritis reumatoide. Las personas que tienen este anticuerpo generalmente desarrollan la enfermedad. Sin embargo, es importante tener en cuenta que no todas las personas con artritis reumatoide presentan resultados positivos para este anticuerpo.
  • Prueba de anticuerpos antinucleares (ANA): mediante esta prueba, se estudia el comportamiento del sistema inmune para comprobar la producción de anticuerpos.
  • Tasa de sedimentación globular: esta prueba tiene como objetivo determinar el grado de inflamación.
  • Proteína C reactiva: una infección grave o inflamación significativa en cualquier parte del cuerpo puede provocar que el hígado produzca proteína C reactiva. Los altos niveles de este marcador inflamatorio están asociados con la AR.

 

Pruebas basadas en imágenes

Mediante exploración por rayos X, ultrasonidos o a traves de resonancia magnética se pueden detectar daños en las articulaciones, como erosiones (pérdida de hueso dentro de la articulación) y estrechamiento del espacio articular. Hay que tener en cuenta que el hecho de que las imágenes obtenidas mediante estas pruebas no evidencie signos de daños en las articulaciones, esto no significa que no haya presencia de la enfermedad, puesto que puede significar que se encuentra en una etapa temprana y aún no ha ocasionado daños evidentes en las articulaciones.

En las primeras etapas de la enfermedad, las personas con artritis reumatoide pueden no presentar evidencia de inflamación, rigidez o hinchazón en las articulaciones, pero pueden experimentar sensibilidad y dolor. Entre los síntomas más habituales de la artritis reumatoide se encuentran los siguientes:

  • Dolor en las articulaciones.
  • Sensibilidad, hinchazón o rigidez durante seis semanas o más.
  • Rigidez matutina por 30 minutos o más.
  • Más de una articulación está afectada.
  • Afectación de las articulaciones pequeñas (muñecas, ciertas articulaciones de manos y pies).
  • Afectación de las mismas articulaciones en ambos lados del cuerpo.
  • Fatiga, pérdida de apetito y fiebre baja.

La artritis reumatoide, en su fase más temprana, afecta típicamente a las articulaciones más pequeñas, especialmente las articulaciones que unen los dedos con las manos y los pies.

A medida que la enfermedad progresa, los síntomas suelen propagarse a las muñecas, las rodillas, los tobillos, los codos, las caderas y los hombros. En la mayoría de los casos, los síntomas se manifiestan de forma simétrica en las mismas articulaciones en ambos lados del cuerpo. Con el tiempo, la artritis reumatoide puede provocar deformaciones en las articulaciones.

Un gran número de personas con artritis reumatoide presentan también otra serie de signos y síntomas relacionados con otros órganos o sistemas que no guardan relación con las articulaciones, como la piel, los ojos, los pulmones, el corazón, riñones, glándulas salivales, tejido nervioso, médula ósea, vasos sanguíneos, etc.

Los síntomas y efectos de la AR pueden aparecer y desaparecer. Los períodos de alta actividad de la enfermedad (aumentos en la inflamación y otros síntomas) se denominan brotes o exacerbaciones y pueden durar días o incluso meses.

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La artritis reumatoide es una enfermedad crónica para la que, a día de hoy, no existe cura. Únicamente cabe la posibilidad de controlar el deterioro progresivo de las zonas afectadas por la enfermedad mediante el tratamiento oportuno y tratar de evitar episodios que provoquen daños adicionales

Habitualmente, la artritis reumatoide sigue un curso progresivo, pudiendo llegar a provocar deformaciones y resultando incapacitante para la persona que la sufre, para el ejercicio de las actividades cotidianas de su vida diaria, así como las profesionales.

 

A la hora de clasificar la gravedad de una artritis reumatoide, se debe tener en cuenta el grado de afectación (leve, moderado o grave) y las zonas afectadas por la enfermedad según el reumatólogo que haga el seguimiento

Es decir, se tendrá en cuenta la intensidad y características de la afectación que produce en la persona que la sufre, que se determinará basándose en los resultados de las pruebas médicas y diagnósticas adecuadas, considerando el grado en el que dicha afectación incapacita a la persona y limita sus capacidades funcionales a la hora de realizar las actividades tanto de la vida cotidiana diaria como aquellas pertenecientes al ámbito profesional.

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Sí, es viable solicitar una Incapacidad Permanente por una artritis reumatoide. En todo caso, el hecho de que a una persona se le diagnostique una artritis reumatoide no garantiza de por sí que se le reconozca una Incapacidad Permanente, puesto que dependerá de la valoración que el Tribunal Médico realice atendiendo al grado de afectación y limitaciones que experimente la persona que la sufre, teniendo en cuenta las articulaciones afectadas, el grado de afectación de las mismas y las limitaciones funcionales que presenta, así como de la eficacia de los tratamientos administrados.

Incapacidad Permanente Total

Incapacidad Permanente Absoluta

Es posible el reconocimiento de una Incapacidad Permanente Total en determinadas profesiones que requieren esfuerzo físico (por ejemplo en el manejo de cargas) o tareas de precisión con las extremidades superiores, en las que las afectaciones y limitaciones causadas por artritis reumatoide en las manos son graves (o incluso cuando son moderadas) y resultan incapacitantes (por ejemplo mozo de almacén, expendedor de gasolinera, mecánico, enfermera, etc.)

Es posible el reconocimiento de una Incapacidad Permanente Absoluta en casos en los que la afectación es muy severa en las manos (la persona no puede realizar ningún tipo de actividad que requiera una mínima habilidad manual) y/o en los pies (no puede desplazarse a un puesto de trabajo), entendiéndose que el trabajador no está en condiciones de llevar a cabo ningún tipo de actividad laboral con normalidad.

incapacidad permanente total por artritis reumatoide
incapacidad permanente absoluta por artritis reumatoide

 

Los criterios para la valoración y asignación de un grado de discapacidad por artritis reumatoide no están regulados en un capítulo específico del Real Decreto 1971/1999 de 23 de Diciembre, de procedimiento para el reconocimiento, declaración y calificación del grado de minusvalía., sino que se seguirán los criterios generales en función del estado de cada persona y el grado de afectación y limitaciones que experimente, teniendo en cuenta las articulaciones afectadas, el grado de afectación de las mismas y las limitaciones funcionales que presenta. El grado de discapacidad reconocido variará en función de dichos criterios, pudiendo ir desde un 1-24% en los casos más leves, hasta un 75% en los casos de afectación y limitación más severos.

Grados de discapacidad

Grado 1: discapacidad nula.

Los síntomas, signos o secuelas, de existir, son mínimos y no justifican una disminución de la capacidad de la persona para realizar las actividades de la vida diaria.

Grado 2: discapacidad leve.

Los síntomas, signos o secuelas existen y justifican alguna dificultad para llevar a cabo las actividades de la vida diaria, pero son compatibles con la práctica totalidad de las mismas.

Grado 3: discapacidad moderada.

Los síntomas, signos o secuelas causan una disminución importante o imposibilidad de la capacidad de la persona para realizar algunas de las actividades de la vida diaria, siendo independiente en las actividades de autocuidado.

Grado 4: discapacidad grave.

Los síntomas, signos o secuelas causan una disminución importante o imposibilidad de la capacidad de la persona para realizar la mayoría de las A.V.D., pudiendo estar afectada alguna de las actividades de autocuidado.

Grado 5: discapacidad muy grave.

Los síntomas, signos o secuelas imposibilitan la realización de las A.V.D.

Determinación del porcentaje de discapacidad.

Con carácter general se establecen cinco categorías o clases, ordenadas de menor a mayor porcentaje, según la importancia de la deficiencia y el grado de discapacidad que origina.

Estas cinco clases se definen de la forma siguiente:

CLASE I

Se encuadran en esta clase todas las deficiencias permanentes que han sido diagnosticadas, tratadas adecuadamente, demostradas mediante parámetros objetivos (datos analíticos, radiográficos, etc., que se especifican dentro de cada aparato o sistema), pero que no producen discapacidad.

La calificación de esta clase es 0 por 100.

CLASE II

Incluye las deficiencias permanentes que, cumpliendo los parámetros objetivos que se especifican en cada aparato o sistema, originan una discapacidad leve.

A esta clase corresponde un porcentaje comprendido entre el 1 por 100 y el 24 por 100.

CLASE III

Incluye las deficiencias permanentes que, cumpliendo los parámetros objetivos que se especifican en cada uno de los sistemas o aparatos, originan una discapacidad moderada. A esta clase corresponde un porcentaje comprendido entre el 25 por 100 y 49 por 100.

CLASE IV

Incluye las deficiencias permanentes que, cumpliendo los parámetros objetivos que se especifican en cada uno de los aparatos o sistemas, producen una discapacidad grave.

El porcentaje que corresponde a esta clase está comprendido entre el 50 por 100 y 70 por 100.

CLASE V

Incluye las deficiencias permanentes severas que, cumpliendo los parámetros objetivos que se especifican en cada aparato o sistema, originan una discapacidad muy grave.

A esta categoría se le asigna un porcentaje del 75 por ciento.