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Arterioesclerosis

En esta página de recursos te ofrecemos información sobre la Arterioesclerosis. Qué es, sus tratamientos, síntomas y por supuesto; la viabilidad en cuanto a poder solicitar una minusvalía o incapacidad laboral. Trabajamos continuamente para ofrecer la información más completa posible, si crees que esta ficha está incompleta o que habría que añadir algún dato importante, por favor no dudes en contactarnos.
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La arterioesclerosis es una afección que se caracteriza por el engrosamiento y rigidez de las arterias, debido a la acumulación de placa, una sustancia compuesta de grasa, colesterol, calcio y otras sustancias que se encuentran en la sangre. Con el tiempo, esta sustancia se endurece y estrecha las arterias, lo que limita el flujo de sangre (y en consecuencia oxígeno) a los órganos y tejidos.

Esta afección, que puede ocasionar ataques cardíacos, derrames cerebrales y enfermedad vascular periférica (conocida como enfermedad cardiovascular) suele comenzar a raíz del daño provocado por un exceso de presión arterial, tabaquismo, obesidad o colesterol elevado, que conduce a la formación de placa. Esta formación de placa da lugar a una acumulación en la pared arterial, que aumenta a medida que la enfermedad progresa, pudiendo llegar a bloquear la arteria.

 

Sí, existen tratamientos tanto farmacológicos como, en determinados casos quirúrgicos para la arterioesclerosis y sus síntomas, acompañados de la necesidad de llevar a cabo ciertos cambios en el estilo de vida y los hábitos alimenticios de la persona que lo sufre.

Por norma general, un cambio en la dieta y la realización de ejercicio de manera regular, evitando aquellos factores que impliquen riesgo cardiovascular, resultan el tratamiento básico más adecuado para tratar la arterioesclerosis.

Sin embargo, puede ser necesario, según el caso, recurrir a medicamentos o incluso cirugía para aumentar el diámetro de las arterias afectadas. Si bien no hay medicamentos específicos para tratar la arterioesclerosis, se suele recurrir a medicamentos destinados a reducir el colesterol, la presión arterial o la coagulación sanguínea.

Cambios en el estilo de vida

Tratamiento farmacológico

Tratamiento quirúrgico

Si bien la arterioesclerosis puede empeorar con el paso del tiempo, su aparición y su progreso son prevenibles. Realizar cambios en el estilo de vida puede ayudar a prevenir la enfermedad y su avance, evitando determinados factores de riesgo  para la aparición y progreso de la arterioesclerosis, entre los que se encuentran los siguientes:

  • Tabaquismo
  • Colesterol elevado
  • Hipertensión
  • Diabetes
  • Obesidad (especialmente abdominal)
  • Estrés
  • Falta de consumo de frutas y verduras
  • Consumo excesivo de alcohol
  • Falta de ejercicio regular

A día de hoy no existe ningún tratamiento farmacológico específico para la arterioesclerosis que haya demostrado efectividad.

El tratamiento farmacológico se suele centrar por tanto en la administración de fármacos destinados al tratamiento de alteraciones específicas, como la hipertensión arterial, la hipercolesterolemia, la diabetes, que pueden contribuir al progreso de la arterioesclerosis.

Medicamentos para el colesterol (estatinas y fibratos)

Con el uso de medicamentos para reducir el colesterol se busca disminuir de manera drástica el colesterol de lipoproteína de baja densidad (LDL), lo que se conoce comúnmente como colesterol "malo", con el objetivo de disminuir, detener o incluso revertir la acumulación de depósitos de grasa en las arterias, contribuyendo además a disminuir el riesgo de sufrir infartos de miocardio, infartos cerebrales o muerte cardiovascular en algunas personas.

Medicamentos antiplaquetarios

El uso de medicamentos como aspirina, clopidogrel, prasugrel o ticagrelor tiene como objetivo reducir la frecuencia con la que las plaquetas se agrupan, para evitar que se formen coágulos de sangre en arterias estrechadas debido a la arterioesclerosis, lo que ocasiona de otro modo un bloqueo añadido.

Bloqueadores beta (o Betabloqueantes)

Se utilizan en el tratamiento de ciertas patologías cardíacas y el control de la presión arterial alta, disminuyendo el ritmo cardíaco y aliviando la presión en el corazón, lo que contribuye a disminuir el riesgo de ataques cardíacos.

Inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina (ECA)

Su uso puede ayudar a retrasar la progresión de la arterioesclerosis, al disminuir la presión arterial junto con otros efectos beneficiosos para las arterias del corazón, pudiendo también contribuir a disminuir el riesgo de que se produzcan ataques cardíacos.

Bloqueadores de los canales de calcio

Estos medicamentos, con frecuencia utilizados para el tratamiento de la angina de pecho, tienen como objetivo reducir la presión arterial, factor de riesgo importante para la aparición y progreso de la arterioesclerosis.

Diuréticos

Los medicamentos diuréticos tienen como objetivo la reducción de la presión arterial, factor de riesgo para la aparición y progreso de la arterioesclerosis.

Otros medicamentos

El especialista en cardiología puede determinar dentro del tratamiento de la arterioesclerosis, el uso de medicamentos destinados a controlar factores de riesgo específicos, como es el caso de la diabetes, así como medicamentos específicos para el tratamiento de síntomas derivados, como dolor en las extremidades inferiores a la hora de llevar a cabo ejercicio físico.

En aquellos casos en los que, por la especial gravedad de los síntomas o por la aparición de un bloqueo que pone en riesgo la supervivencia de los tejidos musculares o la piel, se puede recurrir a determinados procedimientos quirúrgicos, generalmente encaminados a mantener abiertas la arterias afectadas, limpiar o reducir las acumulaciones de placa en las mismas, disolver posibles coágulos o permitir el flujo sanguíneo a través de las arterias bloqueadas o estrechadas.

Entre las técnicas o procedimientos quirúrgicos más utilizados para tratar la arterioesclerosis se encuentran los siguientes:

Angioplastia y Stent

Este procedimiento se basa en la inserción de un tubo largo y delgado (catéter) en la parte obstruida o estrecha de la arteria afectada de arterioesclerosis. A través de este tubo se introducirá un segundo tubo con un globo, el cual se inflará una vez alcanzado el punto de obstrucción, comprimiendo los depósitos de placa contra las paredes de la arteria. Por lo general, esta técnica va acompañada de la colocación de un Stent, un tubo de malla que ayuda a mantener la arteria abierta.

Endarterectomía

Este procedimiento, necesario en algunos casos de arterioesclerosis, especialmente en las arterias carótidas, consiste en extirpar quirúrgicamente los depósitos de placa que se forman en las paredes de la arteria.

Cirugía de bypass

La cirugía de bypass consiste en la utilización de un segmento de vaso sanguíneo del propio cuerpo, injertado en la arteria o bien de un tubo especialmente fabricado a base de tela sintética que permita el flujo sanguíneo alrededor de la arteria afectada por la arterioesclerosis.

 

Si bien detectar la arterioesclerosis lo antes posible es fundamental para controlar sus efectos y su progresión, el diagnóstico en sí es muy complicado.

Por lo general, la presencia de arterioesclerosis no se detecta en la persona que la sufre hasta que no se producen manifestaciones clínicas como una enfermedad cardiovascular, una enfermedad cardíaca (como una angina de pecho o un infarto) una enfermedad cerebrovascular (AIT o un ictus cerebral), isquemia aguda en las piernas, aneurisma, etc.

El cardiólogo analizará el historial médico y llevará a cabo un examen físico de la persona afectada, además de diferentes procedimientos, pruebas y técnicas específicas para realizar el diagnóstico de la arterioesclerosis.

  • Análisis de sangre. El análisis de la sangre de la persona permite detectar niveles elevados de colesterol y azúcar, los cuales pueden aumentar el riesgo de arterioesclerosis.
  • Ecografía Doppler: se basa en la utilización de un dispositivo especial de ultrasonido (ultrasonido Doppler) para medir la presión arterial en varios puntos a lo largo del brazo o la pierna. Los resultados pueden ayudar al cardiólogo a determinar el grado de bloqueo y la velocidad del flujo sanguíneo en las arterias.
  • Índice tobillo-brazo: consiste en medir la presión arterial en un brazo, así como en el tobillo correspondiente del mismo lado del cuerpo (el valor normal es 1). Cuando existe una diferencia entre ambos valores, de forma que la presión en el tobillo es menor que la presión en el brazo, suele ser indicativo de enfermedad vascular periférica (las arterias a nivel de la pierna se encuentran estrechadas debido a la arteriosclerosis).
  • Electrocardiograma (EGC): Mediante el electrocardiograma se registra la actividad eléctrica del corazón. De este modo se pueden detectar las lesiones del músculo cardiaco y los ritmos irregulares (las denominadas arritmias y disrritmias). Se realiza conectando los cables del electrocardiógrafo a la piel por medio de unos electrodos sujetos a los tobillos, muñecas y pecho del paciente.
  • Prueba de estrés o prueba de esfuerzo: consiste en medir el funcionamiento del corazón durante la actividad física, permitiendo descubrir posibles alteraciones del riego sanguíneo.
  • Cateterismo cardíaco: consiste en la introducción de un líquido de contraste en las arterias del corazón, generalmente a través de una arteria de la pierna, que permite el análisis mediante rayos X de las arterias, para comprobar si están estrechadas o bloqueadas.Otras pruebas: el cardiólogo puede recurrir además a otras pruebas basadas en imágenes como la tomografía computarizada o TAC, así como a la angiografía por resonancia magnética (ARM) para estudiar las arterias. Estas pruebas pueden revelar la existencia de endurecimiento y estrechamiento, así como aneurismas y depósitos de calcio en las paredes de las arterias.

La arterioesclerosis se desarrolla gradualmente y generalmente, en un estado leve de progreso, no presenta ningún síntoma, aún cuando las paredes de las arterias se vuelven gruesas y rígidas debido a la acumulación de placa.

Por lo general, no aparecerán síntomas de arterioesclerosis hasta que las arteria afectadas estén tan estrechadas u obstruidas que el flujo sanguíneo a los órganos y tejidos sea insuficiente.

Los síntomas de la arterioesclerosis moderada o grave dependen de qué arterias se vean afectadas. A medida que la arteriosclerosis progresa, las arterias obstruidas pueden provocar la aparición de determinados síntomas, entre los que se encuentran:

  • En el cerebro, la acumulación de placa por arterioesclerosis en la arteria carótida (una de las principales arterias que irrigan el cerebro) puede derivar en síntomas como entumecimiento o debilidad repentina en los brazos o las piernas, dificultad para hablar, pérdida temporal de la visión en un ojo o caída de los músculos faciales. Estos signos y síntomas indican la existencia de un accidente isquémico transitorio (AIT), un derrame que dura unos minutos y que, si no se trata, puede derivar en un accidente cerebrovascular.
  • En las arterias del corazón, la formación de estas placas conduce a la reducción de la irrigación, seguido de la aparición de angina, infarto de miocardio o insuficiencia cardíaca.
  • En la aorta, la aparición y acumulación de placas puede conducir a un aneurisma.
  • En el riñón, la aterosclerosis provoca una elevación de la presión arterial e insuficiencia renal, debido a la reducción del flujo sanguíneo en los riñones, que limita o impide su correcto funcionamiento.
  • Cuando las placas afectan las arterias de las piernas, pueden provocar una claudicación intermitente, un fenómeno que se caracteriza por la presencia de dolor en las piernas al caminar.
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La arterioesclerosis en sí misma puede considerarse como una enfermedad prevenible y reversible, es decir, se puede prevenir su aparición y su progresión hacia nuevos episodios futuros si se cambia el estilo de vida y se administra el tratamiento adecuado.

En la mayoría de casos, será necesario determinar el grado de afectación y limitaciones permanentes que hayan dejado los episodios de la enfermedad, o lo que es lo mismo, medir el daño causado por la misma y la repercusión que ese daño permanente tiene en las capacidades funcionales de la persona para desempeñar tanto sus actividades cotidianas de la vida diaria como profesionales.

Es necesario tener en cuenta que, en el caso de arterioesclerosis que afecte al corazón, tal como ocurre con la mayoría de afecciones cardíacas, es probable que la persona que la sufre presente una limitación para hacer esfuerzos, lo que afectaría a su desempeño profesional.

Lo mismo ocurre en caso de que la arterioesclerosis afecte a las piernas, dada la contraindicación de que la persona permanezca de pie o recorra distancias caminando, sobre todo si existe claudicación intermitente a la marcha, habitual en estos casos.

 

La gravedad de la arterioesclerosis dependerá en gran medida de las consecuencias y los daños producidos en los órganos y tejidos de la zona en la que se encuentran las arterias afectadas, pudiendo llegar a producirse en los casos más graves infartos agudos de miocardio o ictus cerebral. A la hora de determinar y clasificar la gravedad de una arterioesclerosis y el grado en el que afecta a las capacidades funcionales de una persona se suelen utilizar los siguientes criterios de forma predominante:

  • Escala para la insuficiencia cardíaca de la NYHA (New York Heart Association): Se trata del baremo más utilizado para clasificar al paciente en 4 posibles clases, en función de los síntomas y de la afectación constatada por el cardiólogo, correspondiendo a una limitación normal, ligera, marcada o severa.
  • Prueba de esfuerzo o ergometría (METS): Se trata de un sistema utilizado especialmente a la hora de valorar el alcance de la limitación funcional causada por las cardiopatías isquémicas. Permite valorar los cambios en relación a un esfuerzo progresivo, el consumo de oxigeno o la irrigación en reposo y en esfuerzo, entre otras variables. La capacidad funcional en la prueba de esfuerzo se informa en METS, diferenciando la capacidad funcional para esfuerzos puntuales u ocasionales y la capacidad funcional para esfuerzos mantenidos durante la jornada.
  • Fracción de eyección del ventrículo izquierdo (FE o FEVI): Muy utilizada en las cardiopatías isquémicas, evalúa la capacidad de bombeo de sangre (ventrículo izquierdo). Los valores superiores al 55% se consideran normales. De un 55% a un 35-40% indican la presencia de disfunción ventricular, y los valores inferiores a un 35-40% indican una función ventricular muy deprimida.
  • Claudicometría: En casos en los que la arterioesclerosis afecta a las extremidades inferiores, dando lugar a claudicación intermitente de la marcha, la claudicometría se convierte en fundamental y consiste en medir la distancia que la persona es capaz de recorrer caminando hasta que el dolor la obliga a parar.
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Sí, es posible acceder a una pensión por Incapacidad Permanente por una arterioesclerosis. Sin embargo, aún cuando a una persona, en base a los datos obtenidos de las pruebas médicas y diagnósticas realizadas, se le diagnostique una arterioesclerosis, esto no garantiza que se le reconozca una Incapacidad Permanente. El reconocimiento por tanto, dependerá de lo que determine el Tribunal Médico, basándose en el diagnóstico y clasificación de la gravedad de la arterioesclerosis y el grado de afectación y limitación funcional que provoca a la persona a la hora de desarrollar su trabajo o dado el caso, cualquier profesión.

Incapacidad Permanente Total

Incapacidad Permanente Absoluta

Gran Invalidez

La Incapacidad Permanente Total se suele reconocer especialmente en aquellas profesiones con un componente de esfuerzo moderado o intenso y cuando se cumplen determinados factores de carácter alternativo relativos a la clasificación de la gravedad según la escala de la NYHA (clase II), la prueba de esfuerzos mantenidos (entre 4 y 9 METS) y la valoración de la FEVI o FE (entre 40 y 50%) y la persona presente claudicación a la marcha a una distancia de 200m o superior.

La Incapacidad Permanente Absoluta se suele reconocer, como la Total, en profesiones con esfuerzo moderado o intenso cuando se cumplen determinados factores de carácter alternativo relativos a la clasificación de la gravedad según la escala de la NYHA (clase III o III-IV), la prueba de esfuerzos mantenidos (entre 2 y 4 METS) y la valoración de la FEVI o FE (entre 25 y un 40%) y se constate la presencia de disnea o ahogo al realizar pequeños esfuerzos o, cuando la enfermedad afecte a las piernas, presente claudicación a la marcha a distancias cortas (50-100m o inferior).

La Gran Invalidez por arterioesclerosis, aunque resulta muy complicado, se puede llegar a reconocer cuando exista limitación funcional extrema incluso en reposo, con riesgo de muerte cercana, requiriendo un trasplante de corazón y determinados factores de carácter alternativo relativos a la clasificación de la gravedad según la escala de la NYHA (clase IV), la prueba de esfuerzos mantenidos (menos de 2 METS) y la valoración de la FEVI o FE (inferior a 25%) y se constate la presencia de disnea o ahogo en reposo.

incapacidad permanente total por artritis reumatoide
incapacidad permanente absoluta por artritis reumatoide
gran invalidez

 

Los criterios para la valoración de la discapacidad por arterioesclerosis se encuentran regulados en el capítulo 5 del Real Decreto 1971/1999 y se basan en los resultados de los parámetros obtenidos por el cardiólogo en las pruebas médicas, así como en la valoración tras el tratamiento, para la asignación del porcentaje de discapacidad.

Grados de discapacidad

El grado de discapacidad reconocido variará dependiendo del tipo de arterias afectadas por la arterioesclerosis, entre 4 clases, pudiendo variar desde menos de un 25% (o incluso un 0% de discapacidad) para los casos más leves, hasta un 70% para los casos de mayor gravedad.

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