GLAUCOMA

En esta página de recursos te ofrecemos información sobre el Glaucoma. Qué es, sus tratamientos, síntomas y por supuesto; la viabilidad en cuanto a poder solicitar una minusvalía o incapacidad laboral. Trabajamos continuamente para ofrecer la información más completa posible, si crees que esta ficha está incompleta o que habría que añadir algún dato importante, por favor no dudes en contactarnos.
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El glaucoma es una enfermedad ocular que provoca la pérdida de visión de manera gradual. La persona que sufre de glaucoma experimenta una elevada presión intraocular, concretamente la presión del líquido que circula por el interior del ojo.  En condiciones normales, este líquido conocido como humor ácueo o humor acuoso, circula de manera fluida por el interior del ojo a través de unos canales similares a una malla. La salida de ese líquido se produce a través del ángulo que forman la córnea y el iris cuando se unen. La función de dicho ángulo es dejar salir el humor acuoso hacia el exterior del ojo para que la presión intraocular se mantenga estable. Si se obstruye, el líquido se acumula y la presión del ojo aumenta.

Esta presión anormalmente elevada causa daños en el nervio óptico, encargado de trasladar a nuestro cerebro las imágenes que perciben nuestros ojos. En caso de persistir de manera continua sin tratamiento, provoca en primer lugar una pérdida de la visión periférica, pudiendo con el tiempo provocar la pérdida total de la visión del ojo. 

El Glaucoma suele afectar a adultos de edades superiores a los 40 años, aunque en ciertos casos puede darse en jóvenes o incluso niños y recién nacidos. Suele transmitirse de manera hereditaria y puede no manifestarse en una persona hasta etapas avanzadas de la vida, si bien existen otras causas menos frecuentes como una herida ocular, infección ocular grave, inflamaciones oculares, etc.

 

Aunque no existe cura para el Glaucoma, sí existe tratamiento, especialmente tratamiento inmediato en las primeras fases de la enfermedad, encaminado a proteger a la persona que lo sufre ante la pérdida gradual de visión.

Por lo general, el tratamiento suele realizarse mediante la aplicación de uno o varios fármacos, normalmente en forma de gotas, que consiguen bajar la presión dentro del ojo. Para aquellas personas que prefieren no tener que administrarse estas gotas de manera diaria, experimentan intolerancia a la medicación o simplemente no consiguen bajar la presión lo suficiente, existen métodos de cirugía láser indolora y que no requiere hospitalización.

En casos de mayor gravedad en los que los demás tratamientos no se muestran eficaces la única solución alternativa es la construcción de un drenaje nuevo mediante cirugía.

Cirugía Laser

Microcirugía

Tratamiento farmacológico mediante gotas oculares

El procedimiento con cirugía láser LST se lleva a cabo con el fín de incrementar el flujo del líquido intraocular en personas que presentan ciertos tipos de Glaucoma, en concreto el glaucoma de ángulo abierto o para eliminar el bloqueo del flujo del líquido en aquellas personas con Glaucoma de ángulo cerrado, e incluye técnicas como:

  • Trabeculoplastia láser: Se basa en la apertura de la zona de drenaje para aumentar el flujo de líquido en personas que padecen de Glaucoma de ángulo abierto.
  • Iridectomía láser: Indicada para tratar el Glaucoma de ángulo cerrado, se basa en la apertura mediante láser de una pequeño apertura en el iris que permita el paso del líquido intraocular.
  • Ciclofotocoagulación: Esta técnica se reserva para casos en los que los primeros tratamientos no muestran eficacia o tienen poca visión y se basa en el uso del láser sobre la zona del ojo que produce el humor acuoso para que disminuya la producción de líquido, y, por tanto, la presión intraocular.

Existen técnicas de cirugía convencional para el tratamiento del Glaucoma, siendo la trabeculectomía la más utilizada. Mediante la trabeculectomía, se crea un nuevo canal para drenar el líquido intraocular de forma que se reduzca la presión dentro del ojo.

Existen otras técnicas que por norma general se reservan para casos en los que el tratamiento farmacológico y la cirugía láser o las técnicas convencionales más habituales no muestran eficacia, como el implante de conductos o válvulas de drenaje.

En el caso del Glaucoma congénito, que suele aparecer en recién nacidos, se utiliza la técnica de la goniotomía, basada en ampliar el ángulo entre el iris y la córnea para mejorar el drenaje de líquido y disminuir la presión en el ojo.

La administración de fármacos en forma de gotas para los ojos pueden administrarse para reducir la formación de humor acuoso, el líquido que circula por dentro del ojo o mejorar el drenaje y reabsorción del mismo. Estas gotas pueden tener ciertos efectos secundarios como alergias, enrojecimiento de los ojos, pinchazos, visión borrosa o irritación pero por norma general son el tratamiento más utilizado.

 

Puesto que, por norma general, el Glaucoma no suele presentar síntomas o dolor en las personas que lo padecen hasta fases avanzadas de la enfermedad, es imprescindible la exploración médica mediante revisiones oculares periódicas en las que un oftalmólogo, de manera rápida e indolora para la persona, puede detectar la presencia de Glaucoma mediante exploración y apoyándose en una serie de pruebas, centradas generalmente en la comprobación del estado del nervio óptico, la presión interna del ojo y el campo visual de la persona.

La mayoría de personas que sufren Glaucoma no experimentan unos síntomas previos o dolor que sirvan de alerta ante la aparición de la enfermedad, por lo que esta puede pasar desapercibida hasta encontrarse en una fase muy avanzada.

Detectar la posible presencia de un glaucoma es la principal razón por la cual realizar revisiones oculares periódicas cada 1-2 años, especialmente en el caso de personas de mediana edad que tengan antecedentes familiares de Glaucoma.

A pesar de que por norma general no se experimenten síntomas claros o dolor, si que se pueden producir síntomas o signos normalmente derivados de los aumentos repentinos de la presión dentro del ojo que pueden indicar la presencia de Glaucoma como:

  • Pérdida de visión repentina.
  • Visión borrosa.
  • Percepción de halos o anillos de luz alrededor de las luces.
  • Campo de visión estrechado o visión de túnel.
  • Enrojecimiento de los ojos.
  • Ojos de aspecto nublado.
  • Fuertes dolores de cabeza.
  • Náuseas o vómitos.
  • Dolor ocular.

Existen varios tipos de glaucoma, siendo el glaucoma crónico de ángulo abierto el más común.

  • Glaucoma crónico de ángulo abierto: La mayoría de los casos diagnosticados  en adultos es de este tipo. Daña la vista de manera lenta e indolora de forma que la persona no es consciente de su existencia hasta que el nervio óptico se encuentra seriamente dañado.
  • Glaucoma de ángulo cerrado: algunas veces el ángulo se obstruye de manera repentina, bloqueando el drenaje de líquido, como si se tratara de un desagüe obstruido por un objeto. El iris puede actuar como ese objeto que obstruye la salida del líquido, provocando un glaucoma agudo. Este fenómeno puede causar los siguientes síntomas: visión borrosa, fuerte dolor de ojo, dolor de cabeza, halos multicolores alrededor de las luces, náuseas y/o vómitos. Si no se trata el problema de forma rápida, el paciente puede quedarse ciego en poco tiempo.
  • Glaucoma secundario: Este tipo de Glaucoma suele darse cuando el drenaje del líquido se ve afectado por factores como traumatismos, medicaciones (como los esteroides), inflamaciones, tumores o vasos sanguíneos anormales como los que se presentan típicamente en pacientes con diabetes mal controlada.
  • Glaucoma congénito: Este tipo de Glaucoma, que por fortuna es muy poco frecuente, suele darse en bebés. Se suele caracterizar por signos detectables por los padres como ojos de gran tamaño, producción de lágrimas de forma continua o guiños ante la luz intensa.

Existen una serie de pruebas médicas y técnicas de diagnóstico que pueden ser llevadas a cabo por un oftalmólogo de manera rápida e indolora para la persona, encaminadas a detectar la presencia de Glaucoma y en su caso, el tipo del que se trata.

  • Medición de la presión intraocular mediante Tonometría.

Uno de los principales factores que determinan la presencia de Glaucoma en una persona es la elevación de la presión intraocular. Mediante una tonometría, el oftalmólogo detecta la medida de presión que ejerce el líquido del interior del ojo sobre las partes fijas del interior del mismo. Puede llevarse a cabo mediante contacto, previa aplicación de una pequeña dosis de anestesia ocular o mediante aire, sin contacto con el ojo. Si la medida de la presión ocular es superior a los 21mmHg, es probable que exista presencia de Glaucoma.

  • Prueba de campo visual.

Un test de campo visual, también conocido como perimetría o campimetría, tiene como finalidad detectar la pérdida de áreas de visión. En el, el oftalmólogo comprueba si la persona es capaz de percibir una secuencia de puntos de luz en la zona de la visión periférica, generalmente la primera afectada en caso de Glaucoma.

  • Análisis de las fibras del nervio óptico.

El Glaucoma provoca daño en el nervio óptico, encargado de conectar el ojo al cerebro, por lo que analizar su estado es imprescindible para determinar la presencia de la enfermedad. 

En este sentido, el oftalmólogo lleva a cabo una dilatación de las pupilas para posteriormente examinar el estado del nervio óptico a través de una biomicroscopía, usando una lámpara de hendidura

Asimismo, existen pruebas como la tomografía TCO, que es básicamente un escáner del ojo para producir una imágen, que permite detectar la pérdida de fibras nerviosas o inflamación en el nervio óptico.

  • Gonioscopia

Mediante la gonioscopia el oftalmólogo puede determinar si la persona sufre un Glaucoma de ángulo abierto o de ángulo cerrado. Se basa en la observación de la parte frontal del ojo, es decir, el espacio lleno de líquido que se encuentra entre el iris y la córnea, por donde debe drenar el humor acuoso.

gravedad glaucoma

 

El Glaucoma es una enfermedad que generalmente se desarrolla de manera crónica, progresiva e irreversible. Si bien no se puede curar y la pérdida de visión provocada por la enfermedad es irreversible, existen posibilidades de tratamiento para conservar la visión de la persona en el momento en el que se le detecta el glaucoma, siendo necesario valorar esas posibilidades para cada caso de manera individual

Especialmente en los casos de Glaucoma crónico de ángulo abierto o glaucoma crónico de ángulo cerrado y al tratarse de patologías de carácter degenerativo, normalmente se considera a efectos de valoración médica que las posibilidades terapéuticas se han agotado, por no existir posibilidad de corregir la pérdida de visión, agudeza o campo visual o porque el tratamiento solo consigue salvaguardar parte de la visión restante de la persona que sufre de Glaucoma hasta unos determinados valores.

 

A día de hoy, la visión perdida a causa del Glaucoma no se puede recuperar.

Sin embargo, siguiendo el tratamiento y llevando a cabo las revisiones adecuadas, la mayoría de personas que lo padecen pueden conseguir preservar parte de su visión y no quedarse ciegas.

Todo ello depende de la fase en la que se detecte, el daño que haya provocado al nervio óptico y la eficacia de los tratamientos aplicados.

A efectos de clasificar la gravedad de una patología visual como el Glaucoma desde el punto de vista de una Incapacidad Permanente, existen dos escalas o criterios de uso principal: la escala de Wecker - principal criterio utilizado por los tribunales médicos - y la campimetría, que no solo se utiliza para el diagnóstico, sino que es la prueba principal para valorar el campo visual de la persona a la hora de clasificar la gravedad del Glaucoma. 

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incapacidad permanente

Guía gratuita sobre Incapacidades
Tipos, requisitos y cómo solicitarlas

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Sí, es viable solicitar una Incapacidad Permanente por Glaucoma. En todo caso, el hecho de que a una persona se le diagnostique Glaucoma no garantiza de por sí que se le reconozca una Incapacidad Permanente, puesto que dependerá de la valoración que el Tribunal Médico realice atendiendo a cuál sea el grado de pérdida visual, reducción del campo y agudeza visual.

Incapacidad Permanente Parcial

Incapacidad Permanente Total

Incapacidad Permanente Absoluta

Gran Invalidez

La Incapacidad Permanente Parcial suele reconocerse en el caso de profesiones de elevada exigencia visual o que requieran de una visión binocular perfecta en los dos ojos (por el nivel de riesgo o de detalle que conlleva el trabajo, como el caso de un herrero o un soldador), cuando la visión se conserva en un ojo pero se pierde totalmente en el otro.

La Incapacidad Permanente Total  suele reconocer en aquellas profesiones que presentan una exigencia visual moderada a importante (por ejemplo, conductores, vigilantes de seguridad, etc.) cuando la visión binocular según la escala de Wecker presenta una pérdida de entre el 37 y el 50%, lo que correspondería a una visión binocular inferior a 0,3-0,4.

La Incapacidad Permanente Absoluta por Glaucoma se suele reconocer en aquellos casos en los que la agudeza de la visión binocular de la persona que lo padece da un resultado inferior a 0,2, lo que según la escala de Wecker, refleja una pérdida de agudeza visual superior al 50%.

El grado de Gran Invalidez se reconoce cuando la pérdida de visión de la persona que sufre de Glaucoma supera la considerada como segura legalmente por contar con una visión binocular inferior al 0,1 (pérdida del 84% o superior según la escala de Wecker), o se acredita que necesita de ayuda de una tercera persona para los actos básicos de la vida diaria.

incapacidad permanente parcial por glaucoma
incapacidad permanente total por glaucoma
incapacidad permanente absoluta por glaucoma
gran invalidez por glaucoma

 

Los criterios para la valoración de la discapacidad originada por deficiencias visuales a consecuencia de enfermedades oculares y/o neuroftalmológicas se encuentran regulados en el capítulo 12 del Real Decreto 1971/1999 y se basan en los resultados de los parámetros de pérdida de función visual, determinada fundamentalmente por la agudeza visual y el campo visual, obtenidos por las pruebas médicas y su valoración tras la corrección óptica correspondiente en base a los cuadros que corresponda por el tipo de déficit visual.

Grados de discapacidad

El grado de discapacidad reconocido dependerá del grado de deficiencia visual determinado, yendo desde un 0-5% de discapacidad para los grados menores de deficiencia visual de 0 a 15, hasta un 75% de discapacidad en los casos de mayor deficiencia visual, igual o superior a 85.